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CAPÍTULO 12

Ganancias Sanas en
un Mundo Moribundo:

Tres «Industrias que Matan» y su Impacto
sobre la Salud y la Supervivencia Infantiles

 

Dos puntos de vista en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de marzo de 1995:63Dibujo que representa a una madre dando de mamar a su hijo, rodeada de amenazas como ciertas medicinas, biberones, etc. 

El sistema de mercado libera más potencial humano que ninguna otra forma de organización de la economía, y ha demostrado capacidad para crear riqueza nueva y muy distribuida.

-Al Gore, Vicepresidente de EE.UU.

 

¿Vamos de verdad a permitir que el mundo se convierta en un mercado global sin ninguna otra ley que la de la jungla y sin ningún otro propósito que el de[...] las máximas ganancias en el mínimo tiempo?

-François Mitterand, ex Presidente de Francia

 

La avaricia de las empresas frente
a las necesidades humanas

La riqueza, no la escasez, genera el hambre en el mundo.

-Dinyar Godrej, New Internationalist, mayo de 199564

De los 13 millones de niños que mueren cada año, la inmensa mayoría viven (y mueren) en terribles condiciones de pobreza. En la actualidad, hay más gente que nunca viviendo con carencias que amenazan su vida.65 El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que una cuarta parte de la población mundial, más de 1.300 millones de hombres, mujeres y niños, vive en la pobreza absoluta, con unos ingresos de menos de un dólar por día.66

Algunas personas echan la culpa de la pobreza y el hambre al crecimiento de la población (véase Capítulo 15). Sin embargo, el planeta -pese a la presión que soporta- aún proporciona suficiente comida y recursos para satisfacer las necesidades de bastantes más habitantes que los actuales. (¡En algunos países las granjas reciben subvenciones para que no aumenten su producción!) Como trataremos más tarde, son los altos índices de consumo de los países ricos los que contribuyen más a la reducción de los recursos no renovables y al deterioro del medio ambiente.

La brecha entre ricos y pobres, tanto dentro de los países como entre ellos, ha ido creciendo hasta los extremos actuales. En su Informe sobre el Desarrollo Humano de 1993, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reveló que el 20% más rico de la población mundial posee y controla el 83% de los recursos del planeta. Por el contrario, el 20% más pobre posee y controla menos del 1,5% de los recursos. Esta diferencia está aumentando: la riqueza de la quinta parte más rica de la humanidad creció del 70,2% en 1960 hasta el 82,7% en 1989 y el 84,7% en 1991. Así que 4.000 millones de personas deben compartir el restante 15% de la riqueza total, sobreviviendo con unos ingresos medios mensuales de 70 dólares estadounidenses. Según el administrador del PNUD J. G. Speth:

«La brecha entre ricos y pobres no se ha estrechado durante los últimos 30 años, sino que se ha ensanchado considerablemente. En 1962 el 20% más rico de la población mundial poseía 30 veces los ingresos del 20% más pobre. Hoy día la distancia se ha doblado hasta llegar a 60.»67

Del mismo modo, hoy día los 358 billonarios (personas que poseen más de mil millones de dólares) existentes en el mundo acumulan una riqueza de 760.000 millones de dólares -cantidad igual a la totalidad de las propiedades del 45% más pobre de la población mundial, unos 2500 millones de personas-.68 Muchos de los «asquerosamente ricos» son propietarios de las mayores empresas y corporaciones multinacionales (CMNs). En conjunto, las CMNs controlan el 70% del comercio mundial y el 80% de las tierras dedicadas a cultivos de exportación,69 pero emplean solamente el 3% de la mano de obra mundial.70 Sus enormes ganancias van principalmente a un puñado de propietarios. Las CMNs, debido a la importancia que dan a la producción a gran escala, a la energía no renovable y al uso de tecnología ahorradora de mano de obra, contribuyen en gran modo al crecimiento mundial del desempleo hasta los críticos niveles actuales. Como David Korten anota: «Estamos dominados por un mercado opresivo, no por un estado opresivo.»71
Gráfico 3-8. Distribución mundial de los ingresos. El quinto más rico recibe el 82,7% de los ingresos mundiales, mientras el quinto más pobre sólo recibe el 1,4%.

Las multinacionales tienen un poder enorme. La influencia de estos feudos económicos privados es tan grande que amenaza la soberanía de los gobiernos independientes, e influye sobre la economía internacional y las políticas de desarrollo (incluidas las políticas de salud) para satisfacer su hambre de ganancias. Su modo de influir es invirtiendo millones de dólares en comités de acción política (CAPs) y en lobbies (grupos de presión) que pueden tanto crear como tumbar políticos influyentes. Además, mantienen casi un monopolio sobre los medios de comunicación (y, de esta manera, sobre la opinión pública) que les ayuda a estructurar el desarrollo socioeconómico de manera que alimente su insaciable deseo de ganancias. Un periodista de Washington llamado William Greider escribe en Who Will Tell the People? The Betrayal of American Democracy (¿Quién se lo Dirá al Pueblo? La Traición de la Democracia Estadounidense): «Las corporaciones existen para dedicarse a conseguir aumentar sus ganancias, no las aspiraciones colectivas de la sociedad. Están dirigidas por una jerarquía de directivos, no por las aspiraciones colectivas de la sociedad.»72

Este capítulo examina tres ejemplos especialmente llamativos de CMNs que tienen una relación causal grande y directa con la muerte de niños por diarrea. Se trata de la industria de fórmulas infantiles, la industria farmacéutica y la armamentística.* Aunque nuestra discusión se limita a estas tres industrias, hay que tener en cuenta que son sólo parte de un sistema económico orientado al mercado: el denominado sistema mundial neoliberal, el cual muchos críticos consideran que perpetua la pobreza mundial, el deterioro del medio ambiente y la falta de salud. (Esta es la tesis de la Declaración Alternativa de Copenhague en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social de marzo de 1995. La Declaración Alternativa fue suscrita por más de 600 organizaciones no gubernamentales y populares.)**

Las tres multinacionales a las que nos referimos aquí no son las únicas industrias que matan. Otras muchas empresas de todo el mundo como, por ejemplo, la de bebidas alcohólicas (170.000 millones de dólares al año), la del tabaco (35.000 millones de dólares al año), la de narcóticos ilegales (100.000 millones de dólares al año) y la de pesticidas (14.000 millones de dólares al año) fabrican y comercializan productos que dañan la salud de las poblaciones del Tercer Mundo. Todas estas industrias perjudican, directa e indirectamente, al medio ambiente y a la población mundial. Hemos escogido centrarnos en las fórmulas infantiles (leches artificiales), las medicinas y las armas porque tienen una acción directa sobre la salud de los niños y su supervivencia. Después de todo, dos claves para combatir la diarrea (y promocionar la salud de los niños en general) son que los niños sean amamantados por sus madres y evitar el uso innecesario de medicinas. Ambas medidas salvadoras de vidas son saboteadas por estas tres industrias.

Al igual que muchas de las otras industrias que matan, la de fórmulas infantiles, la farmacéutica y la de armamento (junto a la del tabaco) han ido centrándose cada vez más en el Tercer Mundo como su mercado más nuevo y vulnerable. El gobierno de EE.UU. y el Banco Mundial se han posicionado a favor de las CMNs, presionando para conseguir un mercado y un comercio libres -incluso cuando los «derechos» de estas industrias a obtener ganancias han sido a costa de la salud o la supervivencia de los niños-. Diversas ONGs, gobiernos progresistas y agencias de la ONU han intentado limitar el daño causado por estas industrias a la salud de las personas. Pero estas instituciones no son rival para las industrias por el enorme poder que poseen gracias a su colosal riqueza y a su alcance mundial. Aunque se han introducido códigos de conducta para las empresas, estos códigos no tienen ninguna fuerza. Las grandes industrias pueden ignorarlos y pasarse por alto los intentos de regulación.73 Sus poderosos grupos de influencia han promocionado el modelo de desarrollo amigo del mercado (pero no de las personas y el medio ambiente) estableciendo una corriente de libre comercio y debilitando las organizaciones de trabajadores.

Cuando todo lo demás falla, las industrias a las que nos referimos saben que pueden contar con el apoyo del gobierno de los EE.UU. para defender sus intereses. Los ejecutivos de estas empresas y los funcionarios de Washington justifican la promoción de sustancias peligrosas en el Tercer Mundo argumentando que es responsabilidad de sus gobiernos salvaguardar la salud de sus ciudadanos. Sin embargo, esto es una hipocresía, porque las compañías suelen exportar sus productos precisamente a los países con políticas regulativas débiles. Para empeorar la situación, las corporaciones, el gobierno de EE.UU. e incluso las instituciones financieras internacionales presionan de manera implacable a los países pobres que intentan tomar medidas serias contra las CMNs. El intento de Bangladesh de regular los productos farmacéuticos es un buen ejemplo (véase p. 102).

Por desgracia, estas acciones sin escrúpulos que dañan la salud, y que tratamos de describir en este capítulo, no son abusos puntuales de unas pocas compañías infractoras. Son la norma. El problema no es simplemente el comportamiento de unos pocos individuos sin ningún tipo de ética (aunque tales individuos existan), sino un sistema inmoral por naturaleza que conduce personas corrientes, de buena voluntad, que se limitan a «hacer su trabajo» o a «actuar velando por el interés de sus accionistas» a tomar decisiones inmorales. Hoy tales acciones ponen en peligro no sólo la salud y la supervivencia de muchísimos niños, sino en último término la salud del medio ambiente y de toda la humanidad.

 

La industria de fórmulas infantiles: 
enormes ganancias y bebés moribundos

Naciones Unidas ha estimado que los problemas de salud derivados de la alimentación de los bebés con biberones provocan al menos 1,5 millones de muertes infantiles cada año en los países subdesarrollados.74 Igualmente, UNICEF estima que cada año podría salvarse un millón de vidas infantiles si las madres de todo el mundo practicaran la lactancia materna como forma exclusiva de alimentación de sus hijos durante los primeros 4 a 6 meses de vida.75

En EE.UU. y otros países desarrollados muchas madres están dándose cuenta de que la leche de pecho es más sana para sus bebés que la leche artificial. Durante las dos últimas décadas el número de madres del Primer Mundo -especialmente entre las de clase social media y alta- que ha escogido amamantar a sus hijos ha ido incrementándose paulatinamente. Tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, grupos de mujeres activistas como la Red Internacional de Grupos de Acción pro Alimentación Infantil (IBFAN) y La Liga de la Leche se han unido para exigir políticas que faciliten a las mujeres trabajadoras poder amamantar a sus bebés, mediante bajas por maternidad más prolongadas, más guarderías, tiempos de descanso para dar el pecho y lugares reservados para poder hacerlo.

La leche materna es mejor que las fórmulas infantiles por varios motivos. Primero y más importante: es el alimento más completo y nutritivo para un bebé y, por ello, les ayuda a crecer sanos y fuertes. La leche de pecho también protege a los niños de infecciones de dos importantes modos. Primero, la leche materna contieneImagen de una mujer dando el biberón a su hijo, que está muy delgado. sustancias antibacterianas que ayudan al bebé a combatir las infecciones hasta que el propio sistema inmune del bebé esté completamente desarrollado. En segundo lugar, la leche de pecho está normalmente libre de agentes infecciosos, mientras que los sustitutos que se dan en biberón suelen estar contaminados en el momento en que el bebé los toma. Esto es muy frecuente en el Tercer Mundo, donde el agua potable es difícil de conseguir y las condiciones higiénicas con frecuencia son malas.76

Otra gran ventaja de la leche de pecho frente a las fórmulas infantiles es que es gratis. La leche artificial es cara en relación con los ingresos de las personas pobres del Tercer Mundo. Como hemos mencionado antes, la quinta parte más pobre de la población mundial vive con menos de 1 dólar al día. Como resultado, muchas madres gastan en las fórmulas el dinero que necesitan imperiosamente para comida. Debido a su coste, suelen diluir en exceso la fórmula para que dure más.77 El dinero gastado, la bebida diluida y las infecciones resultantes de la contaminación hacen que los bebés acaben desnutridos. Esto disminuye la resistencia de los bebés ante la diarrea y otras enfermedades. Y no es sólo el niño alimentado con biberón el que resulta afectado, sino que el agotamiento de los ingresos familiares puede afectar a la nutrición de sus hermanos y de las propias madres. (A la inversa, amamantar no sólo protege al bebé, sino que también reduce el riesgo de la madre de contraer cáncer de pecho y de ovarios.78)

Amamantar: la mejor protección frente a la muerte por diarrea

Entre 3.000 y 4.000 niños mueren diariamente de diarreas e infecciones agudas de las vías respiratorias debido a que se ha privado a sus madres de la posibilidad de alimentarlos en forma apropiada.

-«¡Tomemos la iniciativa en pro de los niños!», UNICEF, 199279

Recientemente algunas grandes compañías extranjeras vinieron a China y la tomaron como un gran mercado donde vender sus sustitutivos. Este es uno de los factores clave del descenso del amamantamiento.

-Dr. Wang Feng-Lan, Director de Salud Maternoinfantil, 
Ministerio de Salud Pública, Beijing, 199080


En una aldea donde la mitad de los niños reciben biberón y la otra mitad son amamantados, por cada 25 niños alimentados con biberón que mueren por diarrea es probable que sólo muera uno de los amamantados.

 

Hay numerosas evidencias de que en las comunidades más pobres los bebés amamantados tienen más posibilidades de sobrevivir que los alimentados con biberón. Hay estudios que muestran que, bajo condiciones socioeconómicas y otros factores idénticos, la tasa de mortalidad por diarrea es mucho más baja en los bebés amamantados que en los alimentados con biberón. Por ejemplo:

Como señala un autor:

«Millones de bebés han muerto por una nutrición inadecuada cuando había un alimento adecuado tan cerca como en el pecho de sus madres.»86

La lactancia natural es considerada tan básica para la salud y supervivencia de los niños que el UNICEF incluye su promoción como uno de los cuatro pilares de la Revolución en pro de la Supervivencia Infantil. En 1981 la agencia lanzó una campaña internacional para educar a las madres en la idea de que «el pecho es lo mejor» (breast is best en inglés).87

Sin embargo, la industria de fórmulas infantiles se ha convertido en un negocio muy rentable dominado por las CMNs. A la cabeza de estas CMNs está Nestlé, la mayor empresa de alimentación del mundo,88 que controla entre el 35% y 50% del mercado mundial de la leche para bebés. Como muchas otras industrias que matan, la de las fórmulas infantiles ha ido centrándose cada vez más en el Tercer Mundo. La promoción agresiva de la lactancia artificial ha contribuido a una notable disminución del amamantamiento entre las madres del Tercer Mundo, en especial en Latinoamérica y Asia. Un estudio de 1986 en cinco países del Tercer Mundo encontró que un 40% de las madres encuestadas utilizaban fórmulas infantiles.89

Cuando el UNICEF y las ONGs emprendieron campañas para promover la lactancia natural en los países en desarrollo, Nestlé y otras empresas fabricantes de fórmulas infantiles incrementaron sus campañas de promoción. Entregaban a estudiantes de medicina y aDibujo que muestra a un niño desnutrido atrapado en el interior de un biberón. médicos información engañosa y muestras gratuitas de fórmulas infantiles, muchas veces junto a biberones. Tenían empleadas vestidas como «enfermeras lecheras» recorriendo las salas de maternidad de los hospitales para repartir paquetes con biberones y fórmulas de inicio a las nuevas madres.90 Esta práctica fuera de toda ética da a las madres la impresión de que los médicos apoyan la lactancia artificial. Además, utilizar biberones durante los primeros días puede hacer que los pechos de las madres dejen de producir leche, haciéndoles dependientes de los sustitutos comerciales. (Muchas veces las madres pueden volver a producir leche bebiendo muchos líquidos y dejando que sus bebés chupen de sus pechos muy a menudo, pero son pocas las madres que lo saben o son enseñadas.)91

Poco a poco, muchos ciudadanos de Europa y de EE.UU. se fueron dando cuenta de los abusos de Nestlé. Indignados, formaron grupos para educar y sensibilizar a otras personas sobre el tema y organizar un boicot a los productos de Nestlé. El objetivo era poner fin a la promoción inmoral de las fórmulas infantiles. Estos grupos se unieron entre sí y con los grupos del Tercer Mundo para organizar una campaña masiva de nivel internacional que encabezó el boicot a Nestlé. Esta campaña fue coordinada por la Red Internacional de Grupos pro Alimentación Infantil (IBFAN), que está formada por unos 100 grupos de 65 países.93

El UNICEF y la OMS, en gran parte en respuesta a esta campaña, desarrollaron un «Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna», sin valor jurídico, para poner fin a estos abusos. Cuando la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS votó el Código en mayo de 1981 fue aprobado por 118 países. Solamente EE.UU. votó en contra por su preocupación porque «el Código perjudicara a empresas estadounidenses».94

Sin embargo, ha sido necesaria una vigilancia continua para mantener a raya a Nestlé y a otras compañías relacionadas con la materia. En 1988 el grupo de seguimiento Action for Corporate Accountability (Acción por la Responsabilidad Empresarial) acusó a la Nestlé y a la American Home Products de seguir violando y socavando el código en muchos países. Nestlé fue acusada de promocionar sus productos en centros de salud y farmacias del Tercer Mundo mediante «pósters, anuncios, muestras gratuitas o rebajadas, sobornos, concursos y representantes comerciales».95 Nestlé ha ultrajado también el código presionando a los gobiernos del Tercer Mundo para que no sean demasiado rigurosos, convenciéndoles de que la industria de alimentos infantiles puede regularse por sí misma.96

Acción por la Responsabilidad Empresarial ha respondido a estas acciones de mala fe reviviendo el boicot.97 El objetivo del nuevo boicot, el cual se ha extendido a catorce países, es obligar a Nestlé a dejar de promocionar cualquier forma de lactancia artificial.98 Pero Nestlé no muestra señales de cambiar su modo de actuar. En agosto de 1994, IBFAN sacó a la luz su informe Violando las Reglas, que recoge las actividades de comercialización de 74 empresas de alimentación infantil en 62 países.

Nestlé fue responsable de aproximadamente el 30% de todas las quejas (el doble que cualquier otra compañía). El informe detalla cómo Nestlé ha continuado violando sistemáticamente el Código en más de 40 países.99 Como respuesta, Nestlé publicó en tono desafiante un folleto titulado Comercialización de la Leche Infantil el cual afirmaba que: «En 1994, Nestlé investigó 455 alegatos contra ella. Sólo 3 requirieron acciones correctivas.»100 Las imágenes de bebés gordos y saludables en los productos de leches infantiles de Nestlé son aún una poderosa publicidad que llega incluso a las madres que no saben leer.

En el Tercer Mundo el uso de biberones está muy arraigado, y en muchos países está haciéndose aún más habitual. El número de niños que muere a consecuencia de ello está aumentando. Algunas estimaciones sitúan el número de muertes relacionadas con la lactancia artificial en torno a 1,5 millones al año -un 50% más que el estimado hace escasos años-.101 Si se quiere invertir esta tendencia, los grupos de seguimiento como IBFAN deben mantener su vigilancia y su presión sobre las multinacionales de la alimentación infantil. En el Tercer Mundo es necesaria una campaña masiva de educación para crear conciencia de la importancia de la leche materna y mostrar cómo las multinacionales -a menudo ayudadas e incitadas por los grandes gobiernos- utilizan cualquier treta para incrementar sus ganancias, insensibles al sufrimiento humano que causan.


Viñeta de «Pan», un artículo producido durante la Conferencia Mundial sobre la Alimentación de Roma, que ilustra la presión de la publicidad occidental con las vitaminas.

RESUMEN DEL CÓDIGO INTERNACIONAL DE
COMERCIALIZACIÓN DE SUCEDÁNEOS DE LA LECHE MATERNA92

  1. No se deben promocionar entre las madres sucedáneos de la leche materna.
  2. Nada de muestras gratuitas para las madres.
  3. No promocionar productos en las instalaciones de salud, incluyendo suministros gratuitos.
  4. Las empresas no enviarán «cuidadoras de niños» para aconsejar a las madres.
  5. Nada de regalos o detalles personales para los trabajadores de salud.
  6. Las etiquetas de los productos no contendrán palabras o dibujos que idealicen la lactancia artificial, incluyendo imágenes de niños.
  7. La información ofrecida a los trabajadores de la salud deberá ser científica y verídica.
  8. Toda información sobre la alimentación infantil artificial, incluida la de las etiquetas, debería explicar los beneficios de la lactancia materna y los costes y riesgos asociados a la alimentación artificial.
  9. Los productos inadecuados, como la leche condensada azucarada, no deberían ser promocionados para bebés.
  10. Todos los productos deben ser de la más alta calidad y tener en cuenta las condiciones climatológicas y de almacenamiento de los países donde van a ser consumidos.

La industria farmacéutica:
promoción sin escrúpulos de medicinas inútiles y peligrosas

Las ventas mundiales de la industria farmacéutica se han disparado en los últimos años hasta límites insospechados, de 22.000 millones de dólares en 1980 a 195.000 millones de dólares en 1991, llegando hasta 259.000 millones de dólares en 1994 (el último año del que tenemos datos disponibles).102 Con un beneficio anual medio del 18% desde 1958 y unas ganancias excesivas estimadas en 2.000 millones de dólares en el año 1991,103 la industria farmacéutica es el tercer negocio más lucrativo de EE.UU. Las compañías farmacéuticas tienen la poderosa capacidad de comprar el apoyo de los políticos. El gobierno de los EE.UU. ayuda a garantizar su alta rentabilidad otorgando a las compañías farmacéuticas beneficios fiscales y ayudas para la investigación (cuyas prioridades, como veremos, están muy sesgadas). También concede una protección de 22 años para las patentes, lo que asegura el monopolio de las compañías sobre los nuevos productos y una libertad casi total para fijar sus precios. Los beneficios de estas compañías aumentaron notablemente durante los gobiernos de Reagan y Bush, que relajaron sus regulaciones, especialmente en lo referente a las exportaciones.

Al igual que la industria de fórmulas infantiles, la del tabaco y otras muchas industrias que matan, la industria farmacéutica ha tomado el Tercer Mundo como un mercado principal debido a su escasa regulación y a la falta de información sobre los productos. En el caso de la industria farmacéutica, un factor añadido que hace atractivos a los países subdesarrollados es su abundancia de problemas de salud urgentes, lo que crea una gran demanda de medicinas.

Muchos países del Tercer Mundo importan o producen de 15.000 a 20.000 productos farmacéuticos diferentes. Estos países a menudo gastan hasta la mitad de sus presupuestos de salud en esas medicinas,104 y eso que la mayoría no son necesarias. De entre los aproximadamente 270.000 productos farmacéuticos que existen en el mercado mundial, la OMS ha confeccionado una lista de unas 270
medicinas esenciales para el tratamiento de prácticamente todas las dolencias humanas,105 y la mayoría de los expertos están de acuerdo con este cálculo. Acción Internacional para la Salud (AIS, nombre en español de Health Action International), un grupo de vigilancia con base en Holanda que hace un seguimiento de los abusos de las compañías farmacéuticas, estima que el 70% de las medicinas que estas compañías venden en el Tercer Mundo no son esenciales. Si los países subdesarrollados dejaran de comprar estos fármacos innecesarios podrían reducir en más de la mitad su gasto en medicinas. De esta manera, liberarían más de 7.000 millones de dólares, que podrían emplear en comprar medicinas esenciales y en financiar medidas preventivas y la Atención Primaria de Salud.106

Algunos de los fármacos vendidos al Tercer Mundo son innecesarios porque son copias de medicinas ya existentes. Pero muchas otras son completamente ineficaces o dañinas. Las medicinas contra la diarrea son un buen ejemplo. Como vimos en el Capítulo 8 (véase p. 58), la OMS ha dictaminado que las medicinas antidiarreicas no tienen ningún papel en el tratamiento de la diarrea.107 Aún así, las compañías farmacéuticas continúan promocionándolas y comercializándolas de forma intensiva, y sus ventas siguen aumentando.108 En Kenia, por ejemplo, la medicina más utilizada contra la diarrea es el ADM, una mezcla de caolín y pectina cuyo consumo está calificado de «no justificado» por laAmerican Medical Association (Asociación Médica Americana) y el cual, según una guía Británica de medicinas, «no tiene ningún papel en el tratamiento de la gastroenteritis infantil».109

Lo que es aún peor es que muchas de las medicinas que las compañías farmacéuticas venden en el Tercer Mundo son peligrosas. Por ejemplo, durante los años 80 una filial local de Janssen Pharmaceuticals comercializó el antidiarreico Imodium en Pakistán, a pesar de que en 1980 la OMS advirtió de que la medicina no debería ser usada porque puede paralizar el intestino de los niños. Entre 1989 y 1990, esta medicina fue responsable de la muerte de varios niños pakistaníes. La filial continuó vendiendo el producto hasta 6 meses después de la primera muerte. Solamente cuando la televisión británica desveló el asunto la compañía accedió a retirar el Imodium del mercado, todavía negando que supieran que la medicina no era segura.110

Caricatura en la que un directivo de una multinacional afirma: "Mi compromiso es con nuestros accionistas, no con los niños del mundo."

Las compañías farmacéuticas tratan a los países pobres como un vertedero donde arrojar los fármacos que están prohibidos o restringidos en sus países de origen por sus graves efectos secundarios.

Por ejemplo:

El alto coste de las medicinas puede ser mortal

Al promocionar sus productos en el Tercer Mundo, las compañías farmacéuticas suelen minimizar u omitir totalmente los efectos secundarios de sus medicinas, a la vez que exageran sus beneficios.114 Quizá el efecto secundario más peligroso de las medicinas comercializadas por estas compañías en el Tercer Mundo tenga que ver con su coste. Como apunta Virginia Beardshaw, de AIS, las familias del Tercer Mundo «comprometerán sus tierras, venderán su ganado y su cosecha para comprar medicinas porque creen equivocadamente que así salvarán la vida de sus hijos.»115 Esto les lleva a gastar en medicinas innecesarias el dinero que necesitan para alimentar a sus hijos.116 Como en el caso de las fórmulas infantiles (y de los sobres de SRO) este gasto equivocado podría contribuir a incrementar la desnutrición del niño, lo que disminuye su resistencia ante las enfermedades. Como ya hemos comentado en el Capítulo 8, las familias del Tercer Mundo gastan más de 1.000 millones de dólares al año en antidiarreicos inútiles y a menudo dañinos.Caricatura que muestra el contraste entre las farmacias del primer mundo, repletas de medicinas para pocos pacientes, y las del Tercer Mundo, sin apenas recursos para sus habitantes.

La carga económica de las medicinas para las personas del Tercer Mundo está aumentada por el hecho de que allí su precio suele estar inflado.117 Las compañías farmacéuticas llegan a triplicar y cuadriplicar el precio de medicinas tan utilizadas como la tetraciclina respecto al que aplican en el Primer Mundo.118

Debido a estos excesivos precios, y al hecho de que los pobres enferman más a menudo que los ricos, las familias pobres suelen gastar una parte importante de sus ingresos en medicinas. El programa de salud basado en la comunidad de Makapawa, localizado en las afueras de la ciudad de Tacloban (Filipinas), ofrece un buen ejemplo de la carga económica que las medicinas suponen para las familias pobres y de cómo la gente puede trabajar unida para aligerar esta carga. Los promotores de salud se dieron cuenta de que el dinero que las familias pobres estaban gastando en medicinas caras en vez de en comida contribuía a la desnutrición (y a la alta tasa de mortalidad) de sus niños. Cuando las familias empezaron a preparar de forma cooperativa sus propias medicinas naturales para las dolencias más comunes -entre ellas una infusión azucarada contra la diarrea- comenzaron a gastar menos en fármacos y a tener más dinero para comida. Con más para comer, los niños ganaron en peso y disminuyeron las enfermedades y las muertes. Los promotores de salud le mostraron orgullosos a uno de los autores (David Werner) registros que mostraban estos logros.119

Al igual que los productores de fórmulas infantiles, las compañías farmacéuticas bombardean a los países del Tercer Mundo con sus campañas publicitarias bien organizadas, astutas y a menudo engañosas. Por ejemplo, en Bangladesh, los visitadores médicos (representantes de las compañías farmacéuticas) superan a los médicos en una proporción de siete a uno (en comparación con la de tres a uno en EE.UU.).120 Joel Lexchin cuenta la historia de un visitador de Hoechst en aquel país que intentaba persuadir a un médico de que el Lasix (furosemida, un diurético) era bueno para los niños con kwashiorkor (hinchazón debida a una desnutrición severa). «Cuando se le hizo ver al representante que la hinchazón podría mejorar con el Lasix pero que el niño moriría, el representante respondió `bueno, el niño va a morir de todas formas'.»121 Igualmente chocante era el plan publicitario de 1980 de la compañía Merck en Bangladesh, que indicaba que dos de sus productos debían promocionarse entre «recién licenciados y futuros curanderos».122

En 1991 la industria farmacéutica gastó 10.000 millones de dólares en publicidad y promoción, mientras que se invirtieron 8.000 millones de dólares en investigación y desarrollo de nuevos productos.123 También es importante señalar que sólo una ínfima parte del dinero destinado a investigación se invierte en el desarrollo de medicinas para combatir las enfermedades de la pobreza. En vez de eso, la mayor parte de ese dinero es empleado en encontrar curaciones para las enfermedades de las elites del Primer y del Tercer Mundo y para desarrollar medicinas «yo también» que no ofrecen ventajas terapéuticas sobre los productos que ya existen en el mercado.124 En su empeño por impulsar sus productos, muchas compañías llegan a sobornar a funcionarios de salud de países del Tercer Mundo para que compren grandes cantidades de medicinas innecesarias, encarecidas o prohibidas en sus países de origen.125 A pesar de haber sido repetidamente descubiertas y sancionadas, muchas compañías siguen con estas prácticas.

Las compañías farmacéuticas no son las únicas culpables. Los farmacéuticos del Tercer Mundo también contribuyen al problema de las medicinas innecesarias, peligrosas y sobrevaloradas. Como señala el UNICEF: «Los farmacéuticos privados y vendedores de medicamentos no cualificados han pasado a convertirse en los principales suministradores de atención de salud en muchas regiones.»126

Estos farmacéuticos -junto a los tenderos y vendedores callejeros que hacen el papel de farmacéuticos en miles de pueblos del Tercer Mundo- suelen tener fuertes incentivos (la búsqueda de ganancias) para recetar medicinas sin importar si son o no apropiadas. En las áreas donde está siendo implantada la Iniciativa de Bamako del UNICEF o proyectos similares de recuperación de costes, los trabajadores de la salud -quienes cuentan con la venta de medicinas para cubrir sus costes y pagar sus salarios- también tienen motivos para recetar más de la cuenta.

El resultado es una plaga de prescripción excesiva y abuso de medicinas que ha alcanzado proporciones epidémicas. Esta «farmaceuticalización de la atención de salud» impone a las familias ya empobrecidas una carga económica tremenda. Los planes de privatización y de autofinanciación que trasladan los costes desde los ministerios de salud insuficientemente financiados hacia las familias pobres sólo agravan el problema.

Teniendo esto en cuenta, puede afirmarse con seguridad que la confianza depositada por el Tercer Mundo en las medicinas comerciales para el tratamiento de las enfermedades comunes de la infancia -especialmente de la diarrea- contribuye de manera significativa a la alta mortalidad infantil.

El ataque de las multinacionales y el Banco Mundial 
a los programas de medicinas esenciales

Algunos países del Tercer Mundo que han adoptado políticas de medicinas esenciales según las directrices de la OMS han intentado ellos mismos regular a las compañías farmacéuticas. A principios de los 80, uno de los países más pobres del mundo, Bangladesh, tuvo la osadía de prohibir la importación de una larga lista de medicinas no esenciales. Las multinacionales farmacéuticas se enfurecieron e hicieron todo lo posible para presionar al Ministerio de Salud de Bangladesh. Incluso llegaron a oponerse a la venta de medicinas esenciales al país, poniendo en peligro millones de vidas. Como era predecible, el gobierno de EE.UU. apoyó a la industria farmacéutica amenazando con recortar la ayuda externa a Bangladesh si no anulaba sus leyes de protección de la salud.127

Gracias en parte al apoyo de Suecia y otros países europeos progresistas, Bangladesh se las arregló para mantener su posición hasta que logró su propia producción de medicinas esenciales. Un paso crucial en este proceso fue la creación de la Compañía Farmacéutica Popular Gonoshasthaya. Esta fábrica no gubernamental y sin ánimo de lucro produce diversas medicinas esenciales a precios entre un 33% y un 60% menores que los de las multinacionales. Gonoshasthaya forma y emplea principalmente a madres solteras pobres como parte de su compromiso por mejorar la situación económica de los miembros menos privilegiados de la sociedad.128

Pero, recientemente, el Programa Nacional de Medicinas de Bangladesh ha recibido un nuevo ataque, esta vez por parte del Banco Mundial. La política de ajuste estructural del Banco ya ha obligado a Bangladesh a recortar los gastos en atención de salud, educación y ayuda alimentaria para los pobres. Y hace poco el Banco presionaba a Bangladesh para que realizara «retoques» en su Programa Nacional de Medicinas para acercarlo al «libre mercado». El Banco insiste en que la actual orientación mundial hacia el «libre comercio» hace imperativo que el país permita a las compañías farmacéuticas multinacionales operar sin restricciones. Por desgracia, la Asociación Médica de Bangladesh -que se ha opuesto enérgicamente a la política de medicinas esenciales- ha apoyado desde el principio al Banco Mundial. El nuevo gobierno de Bangladesh también ha tomado medidas para desmantelar el programa nacional de medicinas.

Muchos otros países pueden contar historias similares. Cuando Sri Lanka introdujo una política similar a la de Bangladesh, la American Pharmaceutical Manufacturers Association (Asociación Americana de Fabricantes de Productos Farmacéuticos) de nuevo respondió interrumpiendo las ventas de medicinas al país rebelde. Al final Sri Lanka sucumbió y suavizó su política.

La OMS, el UNICEF y otras agencias de la ONU han sido criticadas en numerosas ocasiones por no asumir una postura más firme contra las políticas económicas y estrategias de desarrollo que permiten a las multinacionales obtener ganancias a expensas de las naciones pobres y de las personas más desfavorecidas. Pero, en gran medida, las manos de estas agencias están bien atadas. Es muy difícil para la OMS, por ejemplo, tratar de regular la conducta inmoral de las multinacionales farmacéuticas. La industria farmacéutica, como las demás industrias que matan, cuenta con el apoyo de los mismos gobiernos del Primer Mundo que proporcionan la mayoría de la financiación de la OMS, asegurándose así de que la OMS siga sus pautas. El gobierno de EE.UU., que proporciona alrededor del 25% del presupuesto de la OMS, es un fiel defensor de las grandes empresas. EE.UU. ha amenazado en varias ocasiones con dejar de financiar a la OMS si ésta se vuelve «demasiado política»129 -es decir, si defiende los intereses de los pobres cuando entran en conflicto con las grandes empresas-. Esta presión nos ayuda a entender por qué la OMS todavía no ha completado su lista de medicinas esenciales con la redacción de un código que regule la comercialización de las medicinas.

Estas tácticas de presión quedaron de manifiesto en noviembre de 1985 en una jornada a puerta cerrada organizada por la OMS en Nairobi, Kenia. El tema que se debatió fue si la industria farmacéutica debería tener el derecho de promocionar y distribuir sus productos en el Tercer Mundo sin ningún tipo de regulación. Los intereses de la industria fueron defendidos por Roger Brooks*** de la Fundación Heritage, una organización ultraderechista que apoya la influencia de las grandes empresas y con estrechas relaciones con la Administración Reagan.130 Brooks introdujo un papel con propaganda en las carpetas entregadas a los participantes en la conferencia.131 En él Brooks acusó a los grupos de activistas defensores del código de comercialización de estar en realidad introduciendo un plan oculto para «redistribuir por mandato la riqueza mundial».132

Después de que el Director General de la OMS, Halfdan Mahler, amenazara con arrestarle, Brooks se disculpó por su acción. Sin embargo, las poderosas fuerzas a las que Brooks representaba lograron intimidar a la OMS. Bajo la presión de los delegados de las compañías farmacéuticas asistentes a la conferencia, Mahler canceló repentinamente el estreno programado de The Pill Jungle(la Jungla de las Píldoras), una película sobre los abusos de la industria farmacéutica que la OMS había patrocinado junto a la Radio Nederland TV.133 Mahler también persuadió al gobierno de que cancelara la divulgación de la película en la televisión local. En la conferencia de Kenya, la OMS vio frustrados una vez más sus intentos de formular un código de comercialización eficaz.134

En la Asamblea Mundial de la Salud de 1986, cuando surgió el tema del código, el delegado de EE.UU. declaró que «pensamos claramente que la OMS no debería involucrarse en intentos de regular las prácticas comerciales de la industria privada».135 En 1986 y 1987 el gobierno de los Estados Unidos retuvo su contribución al presupuesto de la OMS, alegando que lo hacía por no estar de acuerdo con sus políticas respecto a los sucedáneos de la leche materna y las medicinas esenciales.136

Hoy en día, la perspectiva de un código consistente parece aún menos prometedora. En 1988, el Director General de la OMS Mahler -quién al menos estaba a favor de ese código- fue reemplazado por Hiroshi Nakajima, de quién se esperaba que fuera más dócil con los puntos de vista de EE.UU., Japón y la industria farmacéutica en general. Una de las primeras acciones de Nakajima fue reemplazar al director del Programa de Acción sobre Medicinas Esenciales, el Dr. Lauridsen -quien había luchado para introducir el Código de Medicinas Esenciales- por personal más conservador. A la vista de las restricciones sobre las acciones de la OMS y del papel negativo representado por el gobierno de EE.UU., muchos observadores coinciden con Jacqueline Orr en que:

«En la actualidad las críticas de los consumidores, las organizaciones internacionales de interés público y los activistas de base ofrecen la mayor esperanza para proteger la salud de la gente de la agresiva búsqueda de ganancias de la industria [farmacéutica].»137

Es alentador, sin embargo, que en los primeros años de la década de los 90 -en parte, quizá, como respuesta al empeño y a la presión desde abajo, la OMS parece estar adoptando una posición más firme. En 1990 publicó un importante documento titulado The Rational Use of Drugs in the Treatment of Acute Diarrhoea in Children (El Uso Racional de las Medicinas en el Tratamiento de la Diarrea Aguda en los Niños).138

La oscura historia de Ciba-Geigy con las medicinas para la diarrea 
y su buena relación con la OMS

Ciba-Geigy****, una de las mayores compañías farmacéuticas del mundo, tiene un largo historial de promoción de productos inseguros o ineficaces y de ocultar sus a veces mortales efectos secundarios. Durante más de 50 años, la compañía comercializó una medicina antidiarreica ineficaz y peligrosa, el clioquinol. Este fármaco fue durante mucho tiempo una de las medicinas contra la diarrea más vendidas del planeta, de la cual se dice que «contribuyó a la expansión [de Ciba] hasta convertirse en una de las multinacionales farmacéuticas mayores del mundo».139

Desde muy pronto hubo evidencias de que el clioquinol era, además de ineficaz, peligroso. Aún con estas evidencias, Ciba-Geigy se negó con firmeza a retirar la medicina del mercado mundial.140 Este relato está tomado de Inside Ciba-Geigy (Dentro de Ciba-Geigy) de Olle Hansson, un neurólogo y pediatra sueco que luchó durante 25 años para obligar a la compañía a dejar de vender este peligroso fármaco.141

Los primeros informes sobre el grave daño neurológico causado por el clioquinol fueron publicados en 1935, un año después de que la droga hubiera sido lanzada bajo el nombre comercial de Entero-vioform.142 En ese momento Ciba prometió advertir a los médicos de sus peligros, pero no lo hizo.143 Incluso cuando empezaron a surgir montones de informes de parálisis y cegueras asociadas al uso del clioquinol, Ciba los desmentía repetidamente y aseguraba a los médicos y consumidores que la medicina era segura.144

Finalmente, en 1970, los acontecimientos llegaron a un punto crítico. En Japón, unos investigadores concluyeron que el clioquinol era el causante de una misteriosa enfermedad llamada neuropticomielopatía subaguda.145 Esta enfermedad había causado daños neurológicos, y a menudo ceguera y parálisis, a al menos 11.000 personas desde 1955.146 Ciba-Geigy fue llevada a juicio y -tras recurrir en todas las instancias del proceso- fue obligada a pagar unos 776 millones de dólares por los daños causados a las víctimas.147 Japón prohibió el clioquinol en 1970.148 En 1972, Ciba-Geigy lo retiró del mercado estadounidense debido a «razones económicas».

Sin embargo, Ciba-Geigy continuó comercializando el clioquinol en muchos países.149 Hasta 1985 la compañía no dejó por fin de producir y vender la medicina.150 (Aunque Ciba-Geigy no volvió a implicarse de forma directa, el clioquinol continúa actualmente a la venta en el Tercer Mundo. En 1990, un estudio de Acción Internacional para la Salud encontró que el 13% de las medicinas antidiarreicas comercializadas en 11 países de América Latina contenían este fármaco.)151

En los últimos años, Ciba-Geigy ha intentado arduamente limpiar su imagen. Pero, con su historial de 50 años comercializando de forma inmoral una medicina contra la diarrea, uno podría pensar que la OMS sería muy precavida a la hora de aceptar a esta gigantesca compañía como patrocinadora principal de sus intentos de control de la diarrea. Sin embargo, Ciba-Geigy aportó durante una década generosas donaciones al Programa para el Control de las Enfermedades Diarreicas (PCED) de la OMS y, de 1986 a 1989, incrementó sus donaciones a más de un millón de dólares anuales.152 Ciba-Geigy contribuyó con 2.650.970 dólares estadounidenses al PCED en el bienio 1988-1989, más del 12% de su presupuesto.153

Es difícil decir qué influencia -si ha habido alguna- han podido tener las donaciones de Ciba-Geigy al PCED sobre la continua e intensa promoción que ha hecho la OMS de los sobres de SRO basados en glucosa. Un investigador puntero altamente respetado sobre la TRO -quien prefiere mantener el anonimato- nos ha comentado en una carta que: «Creo que será difícil demostrar con algún documento que la OMS y el PCED han sido directamente influenciados por las industrias que empaquetan y procesan las sales de rehidratación oral. Sin embargo, puesto que una parte cada vez mayor de sus presupuestos [proceden] de esa fuente, es de esperar que sus planteamientos así lo reflejen.» Ciba-Geigy suspendió sus contribuciones a la OMS a partir de 1989.

La relación de la OMS con Galactina, S.A.*****

Ciba-Geigy no es la única gran corporación que ha tenido una relación estrecha con la OMS y el PCED. Otra es Galactina, S.A., una multinacional de alimentos infantiles la cual hacia finales de los 80 estuvo colaborando con la OMS para desarrollar sobres comerciales de SRO basada en cereales.

Para muchos de los que estamos interesados en la política de la salud, la revelación de esta colaboración fue muy impactante. Durante muchos años, el PCED de la OMS se ha negado constantemente a recomendar el uso de cualquier forma de TRO basada en alimentos (excepto los «líquidos caseros» sin especificar). En las conferencias ha quitado importancia repetidamente a las investigaciones que documentaban la eficacia de la TRO-BC, solicitando siempre «más investigaciones». Tan firme ha sido el escepticismo público de la OMS hacia la TRO basada en alimentos que rechazó acudir a un encuentro dedicado a este tema en la Tercera Conferencia Internacional sobre Terapia de Rehidratación Oral. Igualmente, la OMS no quiso participar de manera oficial en el Simposium Internacional sobre Terapia de Rehidratación Oral Basada en Alimentos, un encuentro organizado por la International Child Health Foundation (Fundación Internacional para la Salud Infantil) en colaboración con la Universidad Aga Khan que tuvo lugar en Karachi, Pakistán, en noviembre de 1989.

Sin embargo, un funcionario de la OMS acudió de manera extraoficial al simposium de Karachi acompañado por representantes de Galactina, S.A. Para sorpresa de casi todos, se anunció una colaboración entre la OMS y Galactina.154 Se mostró una película acerca de una nueva fábrica de Galactina que ya había comenzado a producir sobres de SRO basada en cereales (usando harina de arroz como ingrediente principal). Algunos participantes de la conferencia expresaron su indignación por esta alianza entre la OMS y Galactina, S.A. Sin embargo, trabajadores del PCED han explicado más tarde que la OMS, aunque nunca ha aprobado del todo la SRO basada en cereales, ha investigado durante mucho tiempo sus posibilidades. Para esta investigación y otras similares -a menudo imposibles de realizar por lo limitado de su presupuesto- el PCED ha colaborado con corporaciones farmacéuticas, alimentarias y de otro tipo. (Merece la pena señalar que la mayoría de los estudios hechos sobre SRO basada en cereales han sido financiados por empresas alimentarias o de alimentos infantiles.)155

Ciba-Geigy y Galactina, S.A. no son las únicas multinacionales que quieren iniciarse en los productos comerciales de SRO. La lista de patrocinadores del simposium de Karachi sobre TRO basada en alimentos incluía a Nestlé y a Gerber****** (alimentos infantiles).156 De hecho, muchas de las grandes corporaciones farmacéuticas y de alimentación infantil estaban representadas en el simposium, como lo estaba Intermed (una organización caritativa sin ánimo de lucro, patrocinada por un grupo de grandes compañías farmacéuticas, la cual ofrece material educativo gratuito sobre la salud y medicinas a bajo coste para programas de salud del Tercer Mundo). Nestlé tenía dos representantes presentes, uno de los cuales solicitó trabajar simultáneamente para la OMS.157

Es difícil saber en qué medida las donaciones y labores benéficas de corporaciones tales como Nestlé y Ciba-Geigy reflejan un esfuerzo por limpiar su degradada imagen, y cuántas tienen como intención ganar favores o contratos con las agencias y programas del campo de la salud. Tanto la industria farmacéutica como la de alimentos infantiles han recibido fuertes críticas por su largo historial comprando la influencia de políticos y coqueteando con los profesionales de la salud mediante muestras gratuitas, conferencias especiales, becas, subvenciones para la investigación, folletos gratuitos y un amplio abanico de gratificaciones.158 La reciente proliferación de alianzas entre corporaciones multinacionales y agencias internacionales de salud y desarrollo merece un cuidadoso examen.

Debe señalarse que, a pesar de su relación con Galactina, el idilio de la OMS con la SRO basada en cereales parece haber durado poco. En una reunión celebrada en Dhaka, Bangladesh, en diciembre de 1994, la OMS llegó a la conclusión de que la SRO basada en arroz no tiene ninguna ventaja, y que la SRO estándar (basada en glucosa) debería ser empleada como primera opción. Pese a ello, en muchos países se encuentran en el mercado diversos productos de SRO-BC, como el Rice-Lyte.

Armamento y equipamiento militar: 
una industria de 750.000 millones de dólares al año

Una de las razones más citadas de la falta de salud es la escasez de fondos para los servicios de salud básicos. Sin embargo, parece una mala excusa en un mundo que gasta más de 750.000 millones de dólares cada año en cuestiones militares.159 Desde la II Guerra Mundial, el mundo ha gastado entre 30 y 35 billones******* de dólares en armamento.160 Es una ironía que el dinero que se necesita urgentemente para proporcionar servicios básicos a niños, mujeres y hombres sea gastado en desplegar armas y soldados que, por un lado, privan a tantas personas de sus vidas y su salud y, por otro, son tan peligrosas que ni siquiera se atreven a utilizarlas. El UNICEF estima que, durante el último decenio, las víctimas infantiles de la guerra se elevaron a 2 millones de muertos, 4-5 millones de discapacitados, 12 millones sin hogar, más de 1 millón de huérfanos o separados de sus padres y unos 10 millones con traumas psicológicos.161

Los intereses de la industria armamentística son opuestos a la salud. Las mercancías que produce y promueve son pesadillas de muerte y destrucción, diseñadas específicamente para matar y mutilar. Además de la violencia física directa que las armas imponen a sus víctimas, la propia industria produce una violencia económica al desviar enormes sumas de dinero y otros recursos para salud y otros programas sociales. La industria armamentística promueve de manera cínica temor, desconfianza y conflictos mediante propaganda impresentable y presión activa sobre gobiernos de todo el mundo para que compren sus productos.

En ningún sitio ha tenido la industria armamentística más éxito que en EE.UU., que gasta más de 250.000 millones de dólares al año en armas.162 La industria militar es una de las más grandes, lucrativas y políticamente poderosas del país. Aunque un tercio de todos los contratos de armas estadounidenses se concentran en 10 grandes contratistas, unas 35.000 empresas tienen contratos con el Departamento de Defensa y unas 150.000 son subcontratadas por estas firmas. Los principales contratistas -IBM, General Motors, Ford, Boeing, Lockheed, Rockwell y General Electric- representan la espina dorsal de la industria estadounidense.

En septiembre de 1987 la ONU convocó una reunión de los estados miembros con el fin de discutir sobre desarme y desarrollo. EE.UU. fue el único país que rehusó asistir a la conferencia -la cual boicoteó proclamando que desarme y desarrollo son temas sin relación y que el Bloque Soviético había instigado la conferencia para atacar a la política estadounidense163-. Incluso hoy, con la Guerra fría superada, los comerciantes de armas estadounidenses, con el apoyo de la Administración Clinton, continúan mercadeando con sus letales productos por el extranjero. (Debería señalarse que, aunque Estados Unidos ha sido históricamente el principal exportador de muerte, Francia superó a EE.UU. en exportaciones de armas en 1994, con 11.400 millones de dólares en ventas.164)
Gráfico 3-9. Gasto militar de EE.UU. frente a los siguientes 20 presupuestos militares. El gasto estadounidense es varias veces mayor que el de Rusia o Francia, sus inmediatos seguidores. Gráfico 3-10. Gasto discrecional propuesto por el presidente Clinton, 1997. El gasto militar es el mayor, con mucha diferencia.

 

Los habitantes de los países subdesarrollados sufren mucho, directa e indirectamente, por los altos gastos militares. Desde 1960 los países del Tercer Mundo han incrementado su gasto militar más del doble de rápido que su nivel de vida.165 De 1972 a 1982,

mientras caía el gasto en salud y educación de los países en desarrollo, su gasto militar creció de 7.000 a más de 100.000 millones de dólares.166 En 1986 los 43 países con mayor tasa de mortalidad infantil gastaron tres veces más en defensa que en salud.167 Ese mismo año, los países industrializados gastaron por encima de veinte veces más en cuestiones militares que en ayuda al desarrollo.168 En 1988 el gasto militar de los países en desarrollo sumó un total de 145.000 millones de dólares -un gasto anual que sería suficiente para erradicar la pobreza absoluta del mundo en diez años, permitiendo a todas las personas del mundo satisfacer sus necesidades y las de sus hijos en comida, agua potable, salud y educación169-. El que fuera presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez, cuyo propio país desmanteló sus fuerzas armadas en 1948 (y ha estado generando desde entonces un dividendo para la paz que estima que llegó a los 100 millones de dólares en el año 1987), afirma que los gobiernos que derrochan esas ingentes sumas de dinero en gastos militares son culpables de «un acto de agresión contra el bienestar de sus pueblos».170

Y como señala George Kent:

«La conexión entre hambre [y pobreza] y gasto militar no está simplemente en las asignaciones presupuestarias, sino también en cómo las fuerzas armadas son empleadas para el sostenimiento de regímenes represivos. Resultan más niños muertos y hambrientos por la violencia estructural de la represión que por la violencia directa de la guerra.171

»Ruth Leger Sivard ha clasificado a los países del Tercer Mundo por su grado de represión según haya ninguna, alguna o frecuente violencia oficial contra sus ciudadanos. Si contrastamos estos datos con las tasas de mortalidad infantil, vemos que los países en los que no hay ninguna violencia oficial contra sus ciudadanos tienen una tasa media de mortalidad infantil de 54, mientras que los países que sufren alguna o frecuente violencia tienen una tasa media de mortalidad infantil en torno a 90.172

»Los presupuestos militares protegen los intereses de los poderosos por la manera en que las armas son empleadas, y también porque el dinero gastado recompensa a los aliados políticos de los poderosos. Hasta cierto punto, los presupuestos militares constituyen una forma de bienestar para los ricos.

»Los gobiernos sugieren que las fuerzas militares sirven para salvaguardar los intereses de todo su pueblo, pero sirven principalmente a los ricos, no a los pobres. Los pobres intentan conseguir lo que no tienen, mientras que los ricos quieren proteger lo que ya tienen [...] [Los pobres] no tienen intereses en el actual orden establecido de la manera que los tienen los ricos y poderosos. No es raro que los pobres estén más preocupados por el desarrollo que por la defensa. Si los pobres fueran los encargados de distribuir los recursos mundiales, podemos estar seguros de que se gastaría mucho menos en defensa y mucho más en mejorar la supervivencia infantil.»173

Kent deja claro que el modo más importante por el que la militarización contribuye a los bajos niveles de salud infantil en el Tercer Mundo es mediante la perpetuación de la desigualdad institucionalizada, que es la causa última de los problemas salud de los pobres. Añade que:

«Las sociedades enormemente antidemocráticas se caracterizan por unas enormes desigualdades. Son insostenibles por naturaleza a menos que sean mantenidas mediante la fuerza y la intimidación. Por ello la represión requiere militarización. Sería un error pensar que el final de las guerras puede por si mismo lograr mejoras en la supervivencia infantil. La violencia estructural debe también finalizar.»174

Por tanto, para alcanzar el objetivo de «salud para todos», no sólo debemos exigir el fin de la militarización, sino también trabajar para corregir la injusta distribución de la riqueza y el poder que está diseñada para perpetuarse. Como Kent apunta:

«Deberíamos comprometernos no sólo con la paz pasiva, entendida como la ausencia de conflictos, sino también con la paz activa, entendida como la presencia de justicia.»175

Al tener que afrontar enormes deudas externas, muchos países pobres han sido obligados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a recortar severamente sus presupuestos para salud y educación. Aun así, los presupuestos militares de los gobiernos del Tercer Mundo son hoy de media siete veces mayores que en 1960.176 Curiosamente el FMI casi nunca exige que un país subdesarrollado reduzca su presupuesto militar (véase p. 92).177

Al igual que la industria farmacéutica, la de fórmulas infantiles y la del tabaco, la industria armamentística ha considerado al Tercer Mundo como su mercado más prometedor y de mayor crecimiento, y está promocionando sus productos con gran intensidad. A menudo este proceso es facilitado por la ayuda militar externa estadounidense. Las ventas de armas bajo la protección del gobierno de EE.UU. durante los años 70 fueron de casi 100.000 millones de dólares, 8 veces más que en las dos décadas previas juntas.178 Durante los 80, la ayuda militar se convirtió en el mayor capítulo de la ayuda externa de EE.UU.179 Y una cantidad desproporcionada de la ayuda militar estadounidense ha ido y continúa yendo a gobiernos represivos que no respetan los derechos humanos.180 Algunos ejemplos son: El Salvador, Honduras, Guatemala, Colombia, Perú, Israel, Egipto, Arabia Saudí, Pakistán, Corea del Sur, Filipinas, Tailandia, Taiwán y Turquía. Como parte de su implacable campaña para desestabilizar los gobiernos y movimientos progresistas mediante una estrategia de «violencia de baja intensidad», Washington también ha proporcionado asistencia militar secreta y formación a diversos grupos paramilitares que violan continuamente los derechos humanos de los civiles, como los Contras en Nicaragua, los escuadrones de la muerte en El Salvador, Guatemala y otros sitios de Latinoamérica, la UNITA en Angola, la RENAMO en Mozambique y el Jemer Rojo en Camboya.

Los suministros masivos de armas desde los países del Norte, la violencia armada y la militarización están aumentando en el Tercer Mundo. No es sorprendente que este incremento de la violencia esté teniendo un impacto cada vez mayor en la salud. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, el número de guerras importantes -las que matan al menos 1.000 personas- llegó a 34 en 1993, después de haber descendido de 36 en 1987 a 30 en 1991.181 Además, debido a los avances tecnológicos y cambios estratégicos, los enfrentamientos se han cobrado cada vez más víctimas civiles a medida que el siglo ha ido avanzando. Mientras que en la I Guerra Mundial murieron muy pocos civiles, los no militares constituyeron la mitad de los muertos y heridos de la II Guerra Mundial, y representan entre el 80% y el 90% de los muertos, mutilados o traumatizados en los conflictos actuales.182 Se producen al menos el triple de heridos que de muertos, y muchos más mueren o sufren debido a los efectos secundarios e indirectos que tienen que soportar tras el conflicto.

Está aumentando la terrible costumbre de reclutar a niños para tareas militares activas, principalmente como carne de cañón. Un autor informa de que:

«Miles de niños portan armas en al menos 20 conflictos actuales. Incluso niños de nueve años son usados como primera línea en batallas imposibles de ganar, como cebos para atraer a emboscadas a las fuerzas enemigas y como detectores humanos de minas para hacerlas explotar antes de que avancen las tropas adultas.»183

Los niños que sobreviven a estas duras pruebas suelen resultar con cicatrices físicas y psicológicas.184

Rehabilitation International descubrió que la guerra de Afganistán ha causado discapacidades a 100.000 niños, y que los conflictos de Mozambique y Angola son responsables de 50.000 y 20.000 mutilados respectivamente, muchos de ellos civiles.185 Muchas de las lesiones de Afganistán y Angola han sido producidas por minas terrestres; en Afganistán se han sembrado 15 millones de minas y en Angola cientos de miles.186 Las minas continuarán mutilando civiles mucho tiempo después de que las guerras de estas naciones hayan concluido oficialmente. En todo el mundo, las minas terrestres son responsables de matar y mutilar a más de 20.000 personas cada año, muchas de ellas niños.187 Todavía hoy las minas están siendo colocadas 25 veces más rápido de lo que están siendo eliminadas, con hasta 2 millones de minas nuevas plantadas cada año.188 Sin hacer caso de la presión internacional para prohibir el uso de las minas, Estados Unidos y otros países insisten en que necesitan a estos asesinos indiscriminados.189

Otro ejemplo del impacto de la industria armamentística es el efecto de la Guerra del Golfo sobre la población civil iraquí. El devastador bombardeo que tuvo que soportar Iraq es poca cosa en comparación con el agobio económico que sufre la población iraquí desde entonces. La tasa de mortalidad infantil de Iraq creció un 330% en 1991, y la tasa de mortalidad de menores de 5 años subió un 380%, pasando de 27,8 a 104,4 muertes por cada mil nacidos vivos.190 William M. Arkin, un antiguo oficial de la inteligencia militar que trabaja con Greenpeace, estima que han muerto entre 70.000 y 90.000 civiles iraquíes desde diciembre de 1991 como consecuencia de las condiciones causadas por la guerra.191

Aún así, uno difícilmente podría haber adivinado que, en 1995, un estudio hecho en Bagdad por la FAO (Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) revelara que hay una desnutrición severa galopante en los niños de 1 a 5 años, con un 28% con retraso en el crecimiento, un 29% con bajo peso y un 12% depauperados o emaciados (baja relación peso-altura por desnutrición crónica) debido a la escasez de alimentos por las prolongadas sanciones. De 1990 a 1995 la TMM5 aumentó seis veces respecto a los valores de antes de la guerra. Esto puede atribuirse a dos principales factores perjudiciales que interaccionan entre sí: la desnutrición de madres y niños y la alta prevalencia de enfermedades infecciosas, especialmente de diarrea. Según las estimaciones más conservadoras, más de 1 millón de personas, la mayoría niños, han muerto en Iraq debido a las sanciones económicas. Hoy día 4 millones de personas, la mitad de ellos niños, se están muriendo de hambre en Iraq.192 La propia Oficina del Censo estadounidense informó de que la guerra ha reducido la esperanza de vida en los hombres iraquíes de 66 años a 46, y en las mujeres de 68 a 57 años.193

El ex ministro de justicia Ramsey Clark califica el bloqueo de:

«Un crimen contra la humanidad [...] un arma de destrucción masiva [que] ataca a niños y bebés, enfermos crónicos, ancianos y urgencias médicas. Al igual que la bomba de neutrones, se cobra vidas, mata personas, pero protege las propiedades, no las destruye. Así que si miramos los efectos de lo que generalmente llamamos las sanciones contra Iraq, veremos cientos de miles de muertes causadas por esas sanciones, muchas más que las causadas por el asalto militar estadounidense, el cual incluyó 110.000 ataques aéreos en 42 días, uno cada 30 segundos noche y día, que dejaron caer 88.500 toneladas de bombas, equivalentes a 7,5 veces la bomba de Hiroshima. Pero las sanciones han matado por encima de cuatro veces más personas que las bombas.»194

El abrumador poder militar de los Estados Unidos -resultado en buena parte de una industria armamentística enormemente entusiasta a la hora de promover sus productos en un mercado libre- parece haber creado un liderazgo cruel y audaz que intimida al resto de los líderes del mundo en una conspiración de silencio. ¿De qué otra forma puede uno explicarse semejante carnicería?

Conclusión al capítulo 12

Este capítulo ha proporcionado una visión de cómo los intereses y acciones de tres industrias multinacionales pueden entrar en conflicto con el interés público y comprometer la salud y la supervivencia de los niños. El poder de las corporaciones ha alcanzado proporciones planetarias, demasiadas veces a costa de situar el lucro privado antes que el bien común. Los poderosos grupos de influencia han espoleado el modelo de desarrollo mundial del mercado libre, con su tendencia a liberalizar el comercio internacional y a defender la búsqueda desenfrenada del crecimiento económico injusto. Dado que el triunvirato que forman los grandes gobiernos, los grandes negocios y las instituciones financieras internacionales (FMI y Banco Mundial) cada vez encuentra más maneras de manejar a las Naciones Unidas y demás agencias internacionales, las necesidades y deseos de la gente común quedan en segundo plano. Depende ahora de ONGs, activistas, grupos de vigilancia, uniones de consumidores y movimientos de base intentar que el mundo empresarial -y los gobiernos grandes- sean más responsables.

Afortunadamente, por todo el mundo grupos de vigilancia y organizaciones de consumidores están ayudando controlar y frenar los abusos de las grandes industrias. Acciones y boicoteos organizados por IBFAN, La Liga de la Leche y otras redes han generado conciencia pública y ejercido presión sobre Nestlé y otros productores de sucedáneos de leche materna para que respeten más el Código de Conducta. Igualmente, Acción Internacional para la Salud (AIS) -con todos sus asociados nacionales y regionales como BUKO Pharma-Kampagne en Europa, Public Citizen (Ciudadano Público) en los Estados Unidos o HAIN en Filipinas- ha ayudado a reducir las infracciones de las grandes compañías farmacéuticas. Pero esta es una batalla muy dura, y la industria armamentística es muy próspera. En el actual clima conservador son necesarias iniciativas populares nuevas y más unidas para evitar que se repita lo mismo.

Es evidente que cualquier intento serio de mejorar la supervivencia y el bienestar de los niños debe hacer frente a los abusos cometidos por estas empresas sin escrúpulos y por las demás industrias que matan. Pero debemos recordar que, tras las actividades dañinas de las multinacionales, subyace todo un sistema económico y una estructura de poder mundial de la que las CMNs son sólo una parte. En las dos últimas décadas las instituciones financieras internacionales, cuyas políticas de préstamo y directrices para el desarrollo económico coinciden con los intereses del mundo corporativo, han conseguido un enorme poder e influencia en todo el mundo. En el próximo capítulo veremos cómo el Banco Mundial ha conseguido en gran medida ocupar el lugar de la Organización Mundial de la Salud en la planificación de las políticas de salud en el Tercer Mundo, y cómo esto ha debilitado y distorsionado aún más la progresión de la Atención Primaria de Salud Integral.


*Ni siquiera tenemos espacio para describir todos los abusos de estas tres industrias. Emplazamos a los lectores a buscar más información sobre estas u otras industrias que matan en las fuentes citadas en nuestras referencias bibliográficas o en la lista de lecturas sugeridas al final de este libro, y en el artículo de David Werner Health for No One by the Year 2000 (Salud para Nadie en el Año 2000), que contiene un extenso apéndice sobre todas las industrias mencionadas anteriormente.

**La Declaración Alternativa de Copenhague de marzo de 1995 está disponible a través de Development Gap, 927 15th Street NW, Washington D.C., 20005, USA.

***Dos años más tarde Brooks, que lideraba el Proyecto de Evaluación de la ONU de la Fundación, fue designado para un puesto en el Departamento de Estado de EE.UU. en la sección de planificación de políticas del Vicesecretario para Organizaciones Internacionales, donde tenía como misión «ayudar a formular la política general de los EE.UU. respecto a la ONU».

****En 1996, Ciba-Geigy se fusionó con la compañía Sandoz, formando así el grupo químico y farmacéuticoNovartis.

*****Galactina, S.A. fue adquirida en 1996 por el grupo Sandoz poco antes de fusionarse con Ciba-Geigy, por lo que en la actualidad también forma parte de Novartis (véase nota anterior).

******Curiosamente hoy Gerber también forma parte del grupo Novartis, ya que se fusionó con Sandoz en 1994, dos años antes de la fusión entre Sandoz y Ciba-Geigy.

*******1 billón=1 millón de millones (en EE.UU y algunos otros países esto corresponde a un trillón).


Copyright © 2000 David Werner, David Sanders, Jason Weston, Steve Babb y Bill Rodríguez
Traducción: Arancha Delgado Matarranz
Reservados todos los derechos
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Última actualización: domingo, 13 de febrero de 2000

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