Atrás ] Siguiente ]                           [Índice]

CONCLUSIÓN A LA PARTE 4:  
La necesidad de una «revolución 
en pro de la calidad de vida infantil»

Como ya hemos comentado, la Revolución en pro de la Supervivencia Infantil no ha podido reducir la mortalidad infantil a unos niveles aceptables. Ha hecho incluso menos por mejorar la calidad de vida de los niños empobrecidos, que continúa deteriorándose. Millones de niños viven en condiciones deplorables, sin acceso a una alimentación adecuada, agua, asistencia sanitaria y a otras necesidades básicas. Del mismo modo que los ricos sufren de enfermedades causadas por el exceso, los niños pobres son diezmados por la desnutrición crónica que atrofia sus cuerpos y sus mentes. Mientras tanto, la brecha entre los que tienen y los que no tienen continúa creciendo, al igual que la sobreexplotación de los recursos mundiales y la destrucción del medio ambiente. (Entre 1987 y 1993, el número de billonarios* se ha más que duplicado, de 98 a 233. Los 101 ciudadanos y familias más ricas controlan ahora una riqueza valorada en 452.000 millones de dólares. Esto es más que los ingresos totales anuales de toda la población de la India, Pakistán, Bangladesh, Nigeria e Indonesia juntas, que abarcan más de un cuarto de la población mundial.)57

¿Qué se puede hacer para garantizar que todos los niños del mundo no sólo sobrevivan, sino que estén sanos en el sentido más completo de bienestar físico, mental, emocional y social? Lo que los niños del mundo necesitan y merecen desesperadamente es una Revolución en pro de la Calidad de Vida Infantil. Tal revolución debe ir más allá de la Atención Primaria de Salud Selectiva y las tecnologías de impacto rápido. Necesita una estrategia integral que abarque más allá del sector de la salud y luche contra las causas estructurales de la pobreza, la desnutrición y la falta de salud. Debe promover un modelo de desarrollo que dé más prioridad a cubrir las necesidades básicas de los pobres que a alimentar el crecimiento económico que beneficia sólo a los ricos. Este modelo debe asegurar que todas las familias tengan un sustento adecuado (ya sea tierra para trabajar o empleos con salarios justos y condiciones laborales saludables). El sector de la salud debe trabajar mano a mano con otros sectores sociales y económicos para asegurar que las necesidades y los derechos de las mujeres, los niños y otros grupos vulnerables sean puestos en primer lugar, no en último.

Para promover una salud sostenible, todos los niños y especialmente las niñas- deben ser motivados (y capacitados) para asistir a la escuela. El gasto completo de su educación debería ser costeado mediante unos impuestos progresivos (no a través de cuotas por usuario que penalizan a los hijos de los pobres). Además, la enseñanza debe hacerse más aplicada y liberadora. Debería ayudar a los niños a aprender supervivencia básica y a adquirir destrezas, así como las habilidades más sofisticadas de resolución de problemas y de organización necesarias para analizar de manera colectiva las condiciones que determinan sus vidas y a actuar sobre ellas.

Resumiendo, una estrategia de salud que busque seriamente mejorar la calidad de vida de los niños debe ser astutamente política. Los cambios estructurales necesarios para una sociedad saludable probablemente sólo se consigan a través de la exigencia continua de un pueblo organizado e informado. Por lo tanto, la educación para la salud debe ser integral en un sentido ético, político y organizativo. Deben desarrollarse y hacerse fácilmente disponibles materiales educativos de concienciación, adaptados para que sean sencillos y atractivos para las personas con poca escolarización. Estos materiales pueden alimentar las habilidades de resolución de problemas que permitan a las comunidades solventar las necesidades relacionadas con la salud a corto plazo. Pero también pueden proporcionar instrumentos analíticos para buscar soluciones ante las necesidades fundamentales a largo plazo. Pueden ayudar a la gente a analizar por sí mismos las causas locales y mundiales de su precaria salud.

Sobre todo, una concepción integral de la salud y el desarrollo animará a los desfavorecidos de todo el mundo a tomar una postura conjunta, exigiendo responsabilidades a los gobiernos, a las Naciones Unidas (incluyendo OMS y UNICEF) y a las instituciones financieras internacionales. Solamente cuando los que toman las decisiones y diseñan los planes de actuación sean responsables de sus hechos a través de un proceso de democracia participativa, podremos esperar de manera realista que sean atendidas las necesidades básicas de los niños del mundo.

Conseguir un orden social justo propicio para la salud necesitará nada menos que una sublevación mundial -una revolución global no violenta-. Podemos trabajar hacia la solidaridad global mediante un proceso de dos pasos. El primero es actuar en el nivel local, donde podemos ayudar a que la gente tome conciencia de las causas de sus problemas cotidianos y animarles a formular estrategias para mejorar su Un pobre le dice al rico que come: - Tengo hambre. El rico responde: -¡Deja de hablar de política! situación inmediata y defender sus derechos. El segundo es unir estas iniciativas locales a grandes coaliciones nacionales e internacionales. Para tener posibilidad de éxito, este «movimiento para la salud del pueblo» debe ser tan global como el sistema que intenta transformar.

La lucha que tenemos que afrontar será una batalla ardua con una desventaja desalentadora. Pero, se gane o se pierda, la lucha por sí misma -con las amistades, las experiencias compartidas, las nuevas perspectivas y el crecimiento personal que conlleva- merece la pena. No debemos rendirnos. La responsabilidad de los líderes del mañana y el bienestar de los niños de hoy dependen de nuestros esfuerzos conjuntos.

 


*Se refiere a billones estadounidenses (miles de millones). En muchos países un billón equivale a un millón de millones.

 


Copyright © 2000 David Werner, David Sanders, Jason Weston, Steve Babb y Bill Rodríguez
Traducción: Julio C. Martínez Redondo
Reservadostodos los derechos
HealthWrights: healthwrights@igc.org
Última actualización: domingo, 13 de febrero de 2000

  Web Access Symbol (para personas discapacitadas)Estas páginas se ajustan a las "Web Content Accessibility Guidelines 1.0", disponibes en http://www.w3.org/TR/1999/WAI-WEBCONTENT-19990505, nivel A.