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INTRODUCCIÓN: 
Promesas Incumplidas

El fracaso de las estrategias internacionales de Salud y Desarrollo en proteger la salud y la vida de los niños

 

Una desagradable sorpresa:
el cólera resurge de forma mortal

La más terrible y mortal de las enfermedades diarreicas está resurgiendo de manera alarmante. Durante la mayor parte del siglo XX, el cólera estuvo principalmente confinado a Asia.1 En Latinoamérica se la consideraba una plaga del pasado. Pero en enero de 1991 se descubrieron unos pocos casos de cólera en Perú;2 en dos meses se infectaron 70.000 personas. El brote se extendió rápidamente hasta Brasil por el este, Chile por el sur y México por el norte. A finales de 1991, estaban afectadas todas las naciones, excepto siete, de América Central y del Sur.3 A finales de 1992, se habían declarado más de 730.000 casos de cólera, con más de 6.300 muertes.4 A pesar del intenso control y de los esfuerzos educativos, todavía aparecen brotes esporádicos, sobre todo en los crecientes «cinturones sépticos» de pueblos y ciudades. En México, donde en 1994 el desplome del peso provocó un rápido descenso del nivel de vida, los casos de cólera se doblaron en 1995.5 La Organización Mundial de la Salud (OMS) predice que en América Latina el cólera se hará endémico (permanente).6

El brote de cólera de Latinoamérica es parte de un resurgimiento mundial de la enfermedad que comenzó en Indonesia en 1991, y que se ha extendido por buena parte del Tercer Mundo en los últimos años. La actual pandemia ha durado mucho más que sus predecesoras del siglo XIX, lo cual es muy preocupante. Hoy día, el cólera sigue siendo un grave problema en gran parte de Asia, América Latina y África.7 En 1991, África informó de más de 150.000 casos y 14.000 muertes por cólera -las mayores cantidades registradas hasta entonces en este continente-. Los números siguen creciendo. La epidemia de cólera de 1994 entre los refugiados de Ruanda ha sido uno de los brotes más catastróficos hasta la fecha.

Lejos de aproximarse a la proclamada meta de «Salud para Todos en el Año 2000», el Tercer Mundo está ahora perdiendo la batalla contra una plaga que se consideraba una enfermedad del siglo XIX.8 Promotores de salud y ciudadanos de todo el Tercer Mundo se preguntan perplejos: ¿Cómo pudo ocurrir esto? ¿Qué falló? El resurgir del cólera puede enlazarse directamente con el deterioro de las condiciones de vida de cada vez más personas. Esto muestra claramente que las estrategias actuales de salud y desarrollo son muy imperfectas.

El cólera no es la única enfermedad de la pobreza en aumento. La malaria, que en los años 70 se pensaba que estaba en gran parte controlada, también retorna alarmantemente en muchos países pese a los grandes esfuerzos por combatirla.9 Una oleada de tuberculosis está causando estragos en buena parte del Tercer Mundo, así como en los barrios marginales que proliferan en las
grandes ciudades de Estados Unidos y otros países ricos.10 Y el SIDA -estimulado por la pobreza y la desigualdad11- se está propagando como la pólvora, especialmente en África, Sudeste de Asia y partes de Latinoamérica.12

Según se aproxima el año 2000, está cada vez más claro que el ambicioso programa organizado por la OMS, el UNICEF, la USAID, el Banco Mundial y otras instituciones para encauzar los problemas de la enfermedad, el hambre y la pobreza en el Tercer Mundo se ha quedado muy lejos de sus metas. En muchos países los avances en salud se han estancado durante la última década. En otros, las condiciones de vida y la salud de un número creciente de personas empobrecidas han ido, de hecho, deteriorándose.

En concreto, estos programas mundiales no han reducido de manera adecuada las siempre altas tasas de desnutrición, enfermedad y muerte entre los niños del Tercer Mundo. Los considerables progresos logrados por la limitada campaña «en pro la supervivencia infantil» (mediante intervenciones tecnológicas como vacunaciones) han sido en gran parte contrarrestados por un empeoramiento de la calidad de vida de buena parte de la humanidad. Según los últimos cálculos del UNICEF, todavía mueren cada año en el mundo 12,5 millones de niños menores de cinco años.13 La agencia afirma que, sin su Revolución en pro de la Supervivencia Infantil, el número de niños que mueren cada año habría llegado hasta los 17,5 millones en 1990 debido al crecimiento de la población en el Tercer Mundo. Aunque el porcentaje de niños que mueren ha descendido, es muy preocupante que hoy día muera aproximadamente el mismo número de niños que hace diez años.14

Una tasa de mortalidad infantil persistentemente alta está considerada como el indicador más significativo de que no se cubren las necesidades de salud de una población. En el mundo actual, una de cada cinco personas (más de mil millones) vive en la pobreza absoluta -ganando menos de un dólar diario- y 1500 millones no tienen empleo.15 Una de cada cuatro personas carece de agua potable y nunca ve un trabajador de salud cualificado.16 Sólo en el Tercer Mundo, al menos 780 millones de personas están desnutridas. Esto viene al caso porque la desnutrición es la causa fundamental de la mayoría de las muertes infantiles. Cada día, unos 40.000 niños mueren por causas relacionadas con el hambre.17 Debido a la desnutrición crónica, 190 millones de niños del Tercer Mundo sufren carencias sanitarias, a menudo acompañadas de retrasos en el desarrollo físico y mental.18 En conjunto, en el mundo uno de cada cuatro niños está desnutrido.19Gráfico I-1. Cobertura vacunal en los países en desarrollo

La década de los 90 ha mostrado peligrosos retrocesos en algunos de los primeros progresos hacia la expansión de las medidas para protección de la salud. Esto es cierto incluso para los llamados «dos motores» de la Revolución en pro de la Supervivencia Infantil: la inmunización y la terapia de rehidratación oral (TRO). A pesar de una campaña mundial para mejorar la cobertura de las vacunaciones, y el notable aumento conseguido durante los años 80, desde principios de los 90 comenzó a disminuir el porcentaje de niños inmunizados en el mundo. Esta disminución es evidente en el gráfico 1-1, adaptado del informe Estado Mundial de la Infancia 199420del UNICEF. En la edición de 1995 de este informe, UNICEF afirma que tales retrocesos han sido corregidos al menos en parte; por ejemplo, los nuevos casos de polio, que crecieron sustancialmente en 1992, comenzaron a descender de nuevo en 1993. Sin embargo, Zaire*, que sólo ha vacunado al 29% de sus niños contra la polio, experimentó la peor
epidemia de polio de su historia en junio de 1995.21 Globalmente, el número de muertes infantiles por sarampión ha estado aumentando constantemente desde principios de los 90.22 Y el número de recién nacidos muertos por tétanos está creciendo de forma clara (véase gráf. 1-2).23 Las mejoras anteriores en la salud por el uso de la terapia de rehidratación oral como tratamiento de elección para la diarrea infantil parecen estar perdiéndose desde principios de los 90. Estos retrocesos incluyen el tan exhibido éxito de Egipto, donde el uso de la TRO ha disminuido alarmantemente24 (véase Capítulo 7). El riesgo de muerte infantil por desnutrición y diarrea está agravado por el hecho de que en el mundo cada vez más madres están alimentando a sus bebés con biberones en vez de amamantarlos.25 (Véase p. 96)Gráfico I-2. Muertes por sarampión y tétanos en el mundo

Al tratar las causas directas e indirectas del hambre, la enfermedad y la muerte en los niños del mundo, no debemos pasar por alto la creciente oleada de desórdenes sociales, crimen y violencia, incluyendo los conflictos armados. Un ejemplo es el brote de cólera de 1994 entre los refugiados de la guerra de Ruanda, que se llevó la vida de millares de niños y dejó huérfanos a otros miles de ellos.

La meta optimista de «Salud para Todos» esta cada vez más lejana. El propósito de este libro es investigar las razones del fracaso de las estrategias actuales para la mejora de la salud, especialmente en los niños, y explorar nuevas alternativas prometedoras. Como área concreta para un estudio en profundidad, examinaremos la siempre alta tasa de mortalidad por diarrea. En concreto, estudiaremos el caso de la terapia de rehidratación oral (TRO), una de las dos principales actuaciones de la Revolución en pro de la Supervivencia Infantil, que ha sido promocionada para combatir las muertes por diarrea.

La TRO es un método para combatir la deshidratación, la causa inmediata de muerte más común en los niños con diarrea.**/26 Simplificando, la TRO consiste en dar líquidos (y alimentos) abundantes a un niño con diarrea. El análisis crítico de este libro al modo en que el UNICEF y la OMS han enfocado la promoción de la TRO ayuda a explicar por qué no ha logrado reducir las tasas de mortalidad infantil por diarrea. También arroja luz sobre los asuntos más complejos de por qué la Revolución en pro de la Supervivencia Infantil, la Atención Primaria de Salud y, en último término, el desarrollo internacional no han hecho más por salvaguardar la salud y la vida de los niños.

El resurgimiento del cólera en el Tercer Mundo ilustra de forma cruda el defecto fundamental de las estrategias actuales de salud y desarrollo. En lugar de trabajar para resolver las causas subyacentes de la pobreza y la falta de salud, los políticos han optado por promover soluciones tecnológicas a modo de parches. La TRO es un buen ejemplo.

Esta claro que si la TRO fuera promocionada mediante métodos que la hicieran disponible de manera rápida y fácil -incluso en emergencias- ayudaría a evitar muertes por cólera. Pero la TRO no hace nada para detener la propagación de esta terrible enfermedad. El Vibrio cholerae, la bacteria del cólera, se disemina a través de agua y alimentos contaminados, y prolifera donde hay malas condiciones higiénicas. La OMS atribuye el aumento del cólera en Latinoamérica y África a la «caída del nivel de vida».27 Muchos de los factores que contribuyen a esta caída -emigración de campesinos desposeídos a las grandes
ciudades, hacinamiento en las barriadas de chabolas, desempleo creciente, caída de salarios y recortes en el gasto público- son consecuencia directa de las actuales políticas de desarrollo y ajuste estructural.

Se ha dicho que «el saneamiento es la única cura para el cólera».28 La ONU nombró los años 80 como la «Década Internacional del Agua Potable y el Saneamiento».29 Pero las grandes esperanzas han resultado ser sólo espejismos para la mayoría de América Latina y el Tercer Mundo. En muchas comunidades pobres, el saneamiento y el suministro de agua se han deteriorado debido a la recesión económica y a los recortes en el gasto público durante los años 80.30 Según UNICEF: «A finales de siglo [...] el número de personas sin condiciones higiénicas adecuadas habrá crecido hasta unos 1.900 millones.» Dado que uno de cada tres seres humanos carecen de instalaciones higiénicas adecuadas, no puede sorprender que el cólera esté resurgiendo en el mundo. El informe Inversión en Salud de 1993 del Banco Mundial señala que, aunque los proyectos de saneamiento y agua proporcionan «sustanciales beneficios para la salud», no son eficientes.31 Los países latinoamericanos tienen una gran deuda externa, y sus limitados recursos están destinados principalmente al pago de los intereses y a proyectos de desarrollo grandiosos, no al saneamiento básico o a la atención primaria.

El anterior Director General de la OMS, Dr. Hiroshi Nakajima, resumía así la lección de la epidemia de cólera de los 90:

«La mejora de los suministros y el saneamiento del agua es la solución definitiva al problema, y las actuaciones en este sentido deben comenzar inmediatamente. Lo que debemos afrontar, sin embargo, es la realidad del crecimiento de la pobreza y la expansión del subdesarrollo por todo el mundo. Hoy día, vivimos en un mundo donde la brecha entre ricos y pobres, Norte y Sur, es dolorosamente manifiesta, e incluso ilustrada de forma más clara por este brote. Sabemos cómo controlar el cólera, pero la enfermedad puede escaparse fácilmente del control cuando las infraestructuras económicas, sociales y sanitarias fallan. El cólera es sólo un síntoma elocuente del fracaso del desarrollo. Al combatir el cólera, así como muchos otros problemas de salud, estamos combatiendo el subdesarrollo a la vez que luchamos por una salud mejor.»32

El brote de cólera de Ruanda y Zaire de 1994: 
El trágico coste de no promover una solución local

«Las altas tasas de mortalidad sufridas por los refugiados ruandeses en el este del Zaire prácticamente no tienen precedente en poblaciones de refugiados, y el mundo debe tomar nota de las lecciones de este desastre. La causa médica inmediata de la mayoría de las muertes fue la enfermedad diarreica, pero las causas fundamentales fueron factores históricos, étnicos, demográficos, socioeconómicos y políticos que llevaron al colapso de la sociedad ruandesa y a la emigración en masa de su población.»33

-The Lancet, 11 de febrero de 1995

La epidemia de cólera que devastó en 1994 los campamentos de refugiados ruandeses en Goma (Zaire) proporciona un apoyo convincente para algunas de las ideas clave que exponemos en este libro.*** Uno de ellos es la importancia de promocionar la TRO (y otras soluciones potencialmente salvadoras de vidas) mediante métodos que den el control a los usuarios. Otro punto más fundamental es que tragedias como la de los refugiados ruandeses -y las injusticias que provocan esos desplazamientos en masa- deben ser prevenidas. Para conseguirlo, las estructuras de poder local y mundial necesitan una revisión y reformulación radicales. En primer lugar, consideremos el asunto de la TRO.

El principal síntoma del cólera es una grave diarrea acuosa que puede acabar con la vida de una persona en cuestión de horas. Hasta los años 70, el principal medio con el que los médicos solían combatir la deshidratación del cólera eran las soluciones intravenosas (goteros). Aunque era muy eficaz para aquellos a los que llegaba, era un planteamiento tan caro y engorroso que en las grandes epidemias de cólera las tasas de mortalidad llegaban a veces al 30% o al 40%.34 Entonces, en 1971, durante un gran brote de cólera entre los refugiados de una guerra civil en el este de Pakistán (ahora Bangladesh), se introdujo por vez primera la TRO a gran escala. Sorprendentemente, la mortalidad cayó hasta nada menos que el 1%. Este descubrimiento -anunciado como un gran avance para la salud pública- debería haber hecho posible conseguir bajas tasas de mortalidad en las epidemias de cólera desde aquel momento.

¿Por qué entonces la mortalidad por cólera en los refugiados ruandeses alcanzó entre el 24% y el 50% (según diversos informes) en los casos graves, con nada menos que 2.000 muertes al día?35 ¿Qué le ocurrió al potencial salvador de vidas de la TRO?

Cuando el repentino brote de cólera comenzó a atacar a miles de personas, ni los refugiados ni el personal de salud del lugar estaban suficientemente informados o preparados para hacer frente a la epidemia. Mientras el cólera y otras formas de diarrea aguda asolaban el campamento, miles de personas se deshidrataban a gran velocidad y muchos de ellos morían sin recibir ningún tipo de rehidratación. Surgió un clamor internacional. Tras un frenesí de faxes y encuentros, las agencias de ayuda se unieron para responder.

En dos semanas se lanzó un intento de suministro masivo. Primero, llegaron más de 10.000 litros de soluciones IV, cuando no había suficiente personal sanitario para administrarlo. Entonces, el presidente de EE.UU., Bill Clinton, prometió 20 millones de sobres de sales de rehidratación oral, pero el envío se retrasó por problemas logísticos. Los aviones lanzaron su carga desde demasiada altura. Algunos de los paquetes de ayuda cayeron sobre helicópteros que estaban en tierra, y otros lo hicieron tan lejos de los campamentos que los camiones que se necesitaban para enviar agua potable perdieron tiempo recuperando los suministros perdidos. En resumen: para miles de hombres, mujeres y niños deshidratados, la TRO llegó demasiado tarde. Se intentó salvar a los que estaban más gravemente deshidratados mediante soluciones intravenosas, pero muchos ya no tenían salvación. Madres con goteros en sus brazos murieron mientras amamantaban a sus bebés.36

La International Child Health Foundation (Fundación Internacional para la Salud Infantil) informa de que cuando los expertos en el cólera consiguieron por fin llegar a Ruanda desde Bangladesh, «observaron el uso de cantidades inadecuadas y de proporciones erróneas de líquidos intravenosos, la mala valoración de la necesidad de TRO y la incorrecta composición de las soluciones, y el uso de antibióticos a los que las cepas del cólera eran resistentes.»37 Cuando se instalaron centros de tratamiento y puestos de rehidratación, se formó al personal y se llevó un suministro adecuado de sobres de Sales de Rehidratación Oral (SRO), la situación mejoró drásticamente. En 10 ó 12 días la tasa de mortalidad por cólera cayó desde un 24% (estimación de la OMS) a menos de un 2%.38 Algunos epidemiólogos consideran esto otro éxito de la TRO.

Pero para los 20.000 hombres, mujeres y niños que murieron deshidratados durante los primeros días del brote, no hubo tal éxito. ¿Pudo evitarse esta enorme pérdida de vidas? Y, si es así, ¿cómo?

Algunos observadores dicen que durante los primeros días de la crisis -mientras cientos de miles de desplazados, desesperados, acudían en masa al campamento de refugiados- el caos fue tal que hizo imposible montar ninguna clase de centros de tratamiento o puestos de rehidratación. Estos observadores también apuntan hacia la falta de agua potable y de personal de salud adecuadamente preparado. Un funcionario de la OMS explicaba que en este tipo de crisis siempre hay un considerable retraso antes de conseguir un correcto tratamiento de las tremendas pérdidas de líquido que ocurren en el cólera grave; parece que el personal de salud inexperto sólo «aprende tras unas cuantas muertes». Como otros muchos observadores, sostiene que hubiera sido imposible prevenir la primera oleada de muertes por cólera.

Algunos activistas de salud no están de acuerdo. Sugieren que si en Ruanda se hubiera enseñado la rehidratación oral mediante otro planteamiento antes de la crisis, se habrían salvado muchas vidas. Mejor que enseñar a la gente a depender de sobres manufacturados de SRO -que muchas veces no están disponibles cuando hacen falta- hubiera sido más práctico enseñarles (durante la paz, antes de suceder la crisis) a preparar bebidas eficaces de rehidratación con ingredientes locales. En los campos de refugiados, esos ingredientes podrían haber sido maíz u otros alimentos que los refugiados pudieran cocinar en los fuegos del campamento. (De hecho, las investigaciones han mostrado que los líquidos caseros hechos con cereales de la zona pueden reducir la pérdida de líquidos por cólera hasta dos veces mejor que la fórmula estándar de SRO. Véase Capítulo 10.)

Lo que está claro es que, una vez que la epidemia de cólera alcanzó el campo de refugiados ruandeses, era demasiado tarde para enseñar a la gente a preparar de forma eficaz sus propias bebidas de rehidratación. Pero, si en los últimos años las campañas de la OMS y el UNICEF sobre TRO hubieran dado más importancia a enseñar sobre líquidos caseros eficaces, y menos a promocionar los sobres de SRO como una medicina mágica y maravillosa, quizá se podrían haber salvado más vidas.

Por supuesto, esto es discutible. Hemos encontrado opiniones distintas -incluso entre los que presenciaron o están informados sobre el desastre de Ruanda- respecto a si las bebidas de rehidratación caseras hubieran sido viables bajo aquellas circunstancias. ¿Había suficiente agua y comida disponibles? Algunos dicen que no, al afirmar que había gran escasez de agua. Otros, sin embargo, observaron grandes multitudes caminando de una parte a otra desde el Lago Kivu con cacharros llenos de agua. (Los refugiados se asentaron al principio en una población situada justo en la orilla del lago, pero más tarde fueron colocados en las afueras, más lejos del lago; para algunos refugiados la distancia hasta el agua -salvo la que era transportada alNiño en los campos de refugiados campamento- era de varios kilómetros.) En cualquier caso, parece que había algo de madera, comida y agua disponibles. Algunos informes de noticias mencionaban que era difícil respirar en los campamentos por el humo de unos 50.000 fuegos para cocinar. Evidentemente, la gente cocinaba gachas con cereales y otros alimentos que podrían haber sido diluidos para hacer bebidas de rehidratación. Lo que no tenían los refugiados ni el personal de salud del lugar eran conocimientos sobre el tema.

Algunos expertos argumentan que, aunque los refugiados hubieran sido formados a tiempo sobre la TRO casera, hubiera sido extremadamente difícil para las familias -incluso bajo circunstancias más favorables- haber hecho frente a las tremendas pérdidas de líquidos asociadas al cólera. Estos expertos afirman que sólo personal especialmente entrenado podría haber asegurado una reposición de líquidos en cantidad suficiente para evitar la deshidratación fatal. Otros sostienen, sin embargo, que no hay nada mágico o sofisticado en este tratamiento. Lo que se necesita es: 1) entender que lo que se pierde debe ser repuesto, sin importar lo grande que sea la cantidad, y 2) la tenacidad (o el cariño) que se necesita para conseguir que la persona enferma beba las grandes cantidades de líquido que necesita. A menudo, la persona más cualificada para conseguir que el niño enfermo beba lo suficiente es su madre; por eso es importante que aprenda esos conceptos y sea capacitada para utilizarlos.

El Dr. William Greenough, cofundador de la Fundación Internacional para la Salud Infantil, que ha dirigido investigaciones sobre la TRO en los últimos 25 años, hace el siguiente comentario sobre el brote de cólera de Ruanda:

«No podría estar más de acuerdo con que si los ruandeses hubieran aprendido a hacer soluciones eficaces de TRO con ingredientes que tuvieran a mano y el agua del lago, aún contaminada, se hubieran salvado muchas vidas. Los que hacen planes contra desastres y los que los ejecutan sencillamente no han aprendido las lecciones de 1971 de la experiencia con los refugiados de Bangladesh.»39

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Estas tragedias continuas en los brotes de cólera son espantosas. Más espantosa aún, sin embargo, es la alta tasa de mortalidad infantil por diarrea común (no colérica), que sigue sin ser solucionada. En efecto, por cada niño que fallece por el cólera, mueren más de 100 en la emergencia silenciosa de las víctimas de las diarreas acuosas comunes. El UNICEF ha declarado que la terapia de rehidratación oral -si fuera promocionada de manera que la gente pudiera entenderla, prepararla y darla usando recursos locales- podría prevenir buena parte de las 3 millones de muertes infantiles por diarrea que ocurren cada año.40 Nosotros añadimos que, si la TRO se integrara en una estrategia de atención de salud integral y liberadora, la mortalidad infantil por diarrea y otras enfermedades de la pobreza podría reducirse de manera sustancial y sostenible.

Por desgracia, sin embargo, las políticas de alto nivel de salud y desarrollo han hecho poco por afrontar las causas fundamentales de la falta de salud general. Pese a la campaña mundial de la OMS por una Salud para Todos, muchos millones de personas están hoy peor que hace diez años en cuanto a condiciones de vida, nutrición, estado de salud y calidad general de vida.41 ¿Qué falló? ¿Por qué las estrategias internacionales de salud no han tenido más impacto? Es esencial que los que estamos preocupados por los derechos y el bienestar de la infancia echemos una nueva mirada a las causas de las altas tasas de mortalidad y enfermedad de los niños, y las pongamos en el contexto de la pobreza y el subdesarrollo.

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El segundo punto importante que estudiaremos en este libro está ejemplificado por la experiencia de Ruanda. Incluso si la TRO hubiera sido aplicada de una forma más eficaz y oportuna, cualquier cantidad de sufrimiento y muerte hubiera sido inaceptable. La prevención del desastre -que habría requerido tomar medidas para evitar la ola de violencia que llevó a más dos millones de refugiados fuera de su país- es la cuestión principal. Las claves que faltaron fueron acciones que permitieran afrontar los problemas sociopolíticos y económicos de Ruanda.

Ruanda no siempre fue un país en guerra consigo mismo. Antes de llegar los misioneros cristianos de Alemania en 1880, los indígenas de Ruanda, Hutus y Tutsis, no estaban divididos en grupos étnicos como ahora los vemos. Cuando los belgas tomaron posesión de Ruanda en 1919, según los términos del Tratado de Versalles,Gráfico I-3. Aumento de refugiados en el mundo, 1960-94. 44
asignaron a los Tutsis (pastores), que eran más altos y más «tipo europeo», un status superior a los Hutus (agricultores).42

Los belgas impusieron una ideología colonial y despojaron al pueblo ruandés de su cultura y su riqueza, sembrando la semilla del resentimiento entre las etnias. Las tensiones se hicieron especialmente agudas cuando la Iglesia Católica invirtió los papeles de Hutus y Tutsis, allanando a los Hutus el camino para que prosperaran a expensas de los Tutsis. La creciente polarización económica que ocurrió durante el periodo colonial exacerbó aún más esas tensiones, sobre todo al enfrentarse a un trasfondo de superpoblación y escasez de tierras. (Ruanda es el país más densamente poblado de África.)43

En noviembre de 1990, el gobierno devaluó el franco ruandés un 50% ante la insistencia del Fondo Monetario Internacional. La devaluación coincidió con el comienzo de la guerra civil y se acompañó de un fuerte incremento en el precio de los carburantes y otros bienes básicos de consumo. Esto desestabilizó la economía. Los sueldos reales se desplomaron, la desnutrición infantil se disparó y los servicios de salud y educación prácticamente desaparecieron.45

El genocidio de inspiración política de los Hutus sobre los Tutsis se cobró la vida de más de un millón de personas en tres meses. Por supuesto, no puede echarse toda la culpa a la historia colonial de desestabilización étnica y económica. Sin embargo, esos factores establecieron el escenario de la espiral descendente y los disturbios políticos de Ruanda. Es alarmante que la situación extrema de Ruanda no sea única. Como veremos en la Parte 3, muchos países de todo el mundo comparten la historia colonial de Ruanda, y están siendo sistemáticamente divididos por las multinacionales y las políticas económicas de las estructuras mundiales de poder y las instituciones financieras.

El resurgimiento del cólera es un síntoma dramático del desarrollo desbocado. Sin embargo, un síntoma mucho más generalizado son las tasas de desnutrición y mortalidad infantil irreductiblemente altas. Mientras las políticas de salud y desarrollo no hagan frente de forma eficaz a los problemas del aumento de la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida, millones de niños seguirán muriendo por enfermedades evitables. Para lograr mejoras duraderas en la salud de sus comunidades, los promotores de salud deben afrontar las necesidades a corto plazo de manera que se pongan las bases para cambios más a largo plazo que promuevan los derechos humanos básicos y unas estructuras sociales más justas. En las páginas siguientes intentaremos mostrar por qué esto es así y cómo puede llevarse a cabo.


*Desde Mayo de 1997 República Democrática del Congo.

**Según UNICEF, la deshidratación es actualmente responsable de casi la mitad de las muertes por diarrea entre niños menores de cinco años. Los niños desnutridos son especialmente vulnerables a la deshidratación.

***En julio de 1994, el brote de cólera entre los refugiados ruandeses se complicó con unaepidemia simultánea de disentería por una shigella especialmente virulenta, que provocó millares de muertes. Aunque el organismo causante de la mayor parte de las muertes no fue identificado, el número de víctimas por cólera se ha estimado entre 10.000 y 20.000.

 


Copyright© 2000 David Werner, David Sanders, Jason Weston, Steve Babb y Bill Rodríguez
Traducción: David Pérez Solís
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Última actualización: domingo, 13 de febrero de 2000

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