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DECLARACIÓN DE UKUNDA SOBRE 
POLÍTICA ECONÓMICA Y SALUD

13 de septiembre de 1990

  1. La reciente historia colonial de África, fruto del subdesarrollo capitalista y, más recientemente, de la recesión, la deuda y el impacto de las políticas de ajuste estructural (PAEs) han afectado severamente a la salud y a las oportunidades de supervivencia de la gran mayoría de la población. Hay una evidencia cada vez mayor de que la actual crisis económica y sus correspondientes respuestas (incluyendo las PAEs) han obstaculizado en gran medida la capacidad de la población africana, especialmente de los «grupos vulnerables», para mantener su ya insuficiente nivel de vida y un acceso mínimo a unos servicios sociales y de salud eficientes. Además, los logros de la independencia ya han sido en gran medida mermados.

  2. Es bien sabido que la experiencia de la salud (y la enfermedad) es el resultado de influencias sociales, económicas, políticas y culturales. Hay grandes evidencias históricas que muestran que sin unas mejoras sostenidas en las condiciones socioeconómicas y el consiguiente nivel de vida, es improbable que se consigan y mantengan avances en la salud.

  3. Tanto como resultado de la crisis económica como por consecuencia de las PAEs, hay sectores crecientes de la población que han sido marginados, desautorizados y que son cada vez más incapaces de cubrir sus necesidades básicas. Son principalmente trabajadores con salarios bajos de sectores oficiales y extraoficiales, un grupo creciente dentro de los campesinos. Dentro de estos grupos, son las mujeres y los familiares que dependen de ellas los que han sido más afectados. En resumen, la gran carga de estas políticas económicas está siendo soportada por los menos capacitados para llevarla.

  4. Como respuesta a esta crisis, se ha extendido una creciente oposición popular en forma de saqueos de alimentos, huelgas y otras formas de protesta. Iniciativas de apoyo, como Ajuste con Rostro Humano del UNICEF o Dimensiones Sociales del Ajuste del Banco Mundial, han fracasado de manera manifiesta a la hora de afrontar las causas estructurales subyacentes, y ni siquiera han tenido éxito en su objetivo de mitigar los efectos de las PAEs. Peor aún, estas iniciativas pueden haber contribuido a oscurecer las bases fundamentales de esta crisis y, de esta forma, incapacitar aún más a los más vulnerables.

  5. l núcleo de estos programas de «recuperación» postula el crecimiento dirigido a la exportación como estrategia no sólo para resolver la crisis económica a corto plazo, sino también crear las bases de un futuro desarrollo sostenible. Las experiencias de las últimas décadas demuestran -incluso durante la larga prosperidad de la posguerra- la falsedad de este modelo. De hecho, el seguimiento de este planteamiento, incluso en los países ricos, está conduciendo a una creciente estratificación y a un empobrecimiento de importantes capas de la sociedad. Más aún, la deuda acumulada sin precedentes, particularmente en Estados Unidos, subraya la quiebra de este planteamiento y, aún más, desplaza de manera cínica la carga real de esta deuda al mundo subdesarrollado por medio del FMI y el Banco Mundial, para mantener el valor del dólar y el alto nivel de vida de la clase media estadounidense.

  6. Estas políticas han sido ejecutadas (algunas veces de mala gana) por medio de los gobiernos africanos. Mientras estas políticas han tenido efectos nefastos sobre la mayoría de los africanos, unos pocos se han beneficiado de, entre otras cosas, la liberalización del comercio, la devaluación de la moneda y la reducción del valor real de los salarios. Más aún, estos grupos han salido relativamente indemnes de las reducciones drásticas del gasto social por la existencia de alternativas -por ejemplo, el sector privado en la sanidad, la educación y los servicios sociales.

  7. Dentro del sector sanitario, iniciativas importantes y prometedoras como la Atención Primaria de Salud no han escapado a la influencia del «ajuste» en la realidad actual. Programas como la iniciativa en pro de la supervivencia infantil han sido interpretados de una manera técnica y estrecha, y en muchos países han sido reducidos a programas limitados, verticales y a menudo financiados externamente de inmunización y rehidratación. Incluso estas intervenciones limitadas han sido obstaculizadas en su ejecución por los efectos de la crisis económica -falta de transporte, material de repuesto, equipamiento, vacunas, medicinas y ahora incluso salarios-. Esta situación ha conducido al desarrollo y promoción de iniciativas tales como el «reparto de costos» y la «Iniciativa de Bamako», que supuestamente busca generar ingresos para «mejorar la calidad de los servicios» y promover la «participación de la comunidad» en la APS. Está quedando claro que tales programas están agravando la desigualdad, particularmente desde que la distinción entre la voluntad y la capacidad de pagar no ha sido prevista en el planteamiento de esta política. Aunque la puesta en marcha de estos programas ahorrará costes al sector público, es evidente que la crisis económica y las PAEs han desembocado en la rápida expansión del sector privado, donde el consumo de divisas para importaciones a menudo irracionales (medicinas innecesarias y caras para los menos necesitados) disminuyen la renta generada a través de las iniciativas de reparto de costes en el sector público.

  8. Estos limitados planteamientos tecnocráticos y sin rumbo fijo en el contexto de la crisis han permitido cambios demográficos preocupantes y sin precedentes. Mientras en algunos países se ha logrado una reducción de la mortalidad infantil (probablemente transitoria), en muchos países del África sub-sahariana han aumentado los índices de desnutrición y morbilidad, y en algunos donde la recesión ha sido más severa, incluso la tasa de mortalidad ha comenzado a subir. Además, parece que se ha perdido el crucial contenido de movilización social de la APS, que contiene la solución para alguno de estos problemas.

  9. Es evidente que la solución a largo plazo para esta crisis requerirá cambios estructurales fundamentales en los niveles nacional e internacional. Se sugiere que, entre otras, sean seriamente consideradas las siguientes opciones políticas:

La adopción de estas opciones requerirá voluntad política por parte de los gobiernos africanos. La mejor garantía para estas iniciativas tan audaces es la presión sostenida de la mayoría que ha sido tan adversamente afectada por esta crisis. Para que este proceso se inicie y se mantenga es imprescindible la democratización real de las estructuras políticas y sociales.

  1. Una de las responsabilidades básicas de los científicos sanitarios y sociólogos es facilitar la iniciativa anterior . Aunque existen diversas áreas en donde es necesario investigar, tenemos la firme convicción de que, para que cualquier investigación tenga algún resultado político u operativo, los objetos de investigación deben convertirse en sujetos. De esta forma, la definición de la agenda de investigación y su ejecución debe surgir de un diálogo democrático entre los investigadores y los más afectados por la crisis actual. Las áreas de investigación deberían incluir un estudio del impacto producido por la crisis económica y las PAEs sobre:

 


Copyright © 2000 David Werner, David Sanders, Jason Weston, Steve Babb y Bill Rodríguez
Traducción: Julio C. Martínez Redondo
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Última actualización: domingo, 13 de febrero de 2000

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